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La Honduras de Lobo sigue fuera de la OEA Nidia Diaz CON una agenda que puso como punto central del debate el control armamentista en la región fue inaugurada el 6 de junio último en Lima, Perú, la Cuadragésima Asamblea Anual de la OEA la cual, por razones obvias, generó pocas expectativas como consecuencia de la insalvable contradicción al interior de ese organismo hemisférico, donde Washington pretende seguir imponiendo sus dictados. Honduras siguió siendo el ausente más presente. Para Estados Unidos — representado por la secretaria norteamericana de Estado, Hillary Clinton—, Panamá, Colombia y el país anfitrión, la OEA tendría que hacer volver a su escaño al gobierno de Tegucigalpa, suspendido a sólo unos días del golpe inconstitucional contra el presidente José Manuel Zelaya; mientras que para la inmensa mayoría de los Cancilleres allí presentes ese regreso tiene que pasar por el restablecimiento de la democracia, el fin de los asesinatos selectivos que se siguen realizando bajo la administración de Porfirio Lobo y, por supuesto, la entrada a esa nación centroamericana sin condicionamientos y sin orden de captura al depuesto mandatario. Tanto fue así que durante la primera jornada de trabajo tales posiciones fueron expresadas en un adelanto de que la solución todavía no está al doblar de la esquina y la Clinton poco pudo hacer para imponer su criterio. Al intervenir fue enfática: "Ha llegado el momento en que el hemisferio debe acoger nuevamente a Honduras en la comunidad interamericana. Hemos trabajado con muchos de ustedes para ayudar a (Honduras a) encontrar el sendero democrático", De acuerdo con el guión redactado en el Departamento de Estado que dirige, destacó en su discurso que en el referido país "se han realizado elecciones libres y democráticas, en las que se eligió al presidente Porfirio Lobo, y éste ha cumplido con su obligación de formar un gobierno de reconciliación nacional y establecer una comisión de la verdad. Todo eso demuestra el compromiso frente al buen gobierno democrático y el regreso al orden constitucional, subrayó sin efecto alguno". Brasil y Venezuela, por citar sólo dos ejemplos, se opusieron a ese retorno con sabor a borrón y cuenta nueva, y el tema nuevamente quedó pendiente. Volviendo a la agenda de la cita hemisférica, el canciller peruano, José García Belaunde, explicó a la prensa previo a la inauguración que su país "propuso este tema sobre el control de armas para fortalecer medidas de confianza y limitar el gasto en ese rubro". No hay duda de que el tema es puntual, sólo que no puede analizarse sin hablar de quienes amenazan la paz y la seguridad hemisférica, sin apuntar con el dedo acusador al gobierno de los Estados Unidos que ha convertido a la región en un peligroso escenario de confrontación al modernizar y ampliar sus siete bases militares en Colombia, desde las cuales amenaza a las naciones limítrofes, sobre todo a aquellas que llevan adelante procesos liberadores y conforman el pelotón de avanzada en la construcción de la verdadera integración que necesitan nuestros pueblos. A pesar de estar convencido de que no lo lograría, Perú planteó un acuerdo de limitación de armamentos, lo que no quedó claro si era sobre la base de los armamentos existentes o de los nuevos que se adquirirían. El principal doliente, Estados Unidos, ya había expresado por intermedio de su subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, la negativa a aprobar cualquier texto en esa dirección. Para nadie es un secreto que el país del Norte es el principal proveedor de armas en el mundo y, en el caso regional su principal cliente es Colombia, con quien mantiene relaciones "carnales" que sirven a sus intereses hegemónicos. Esta 40 asamblea General de la OEA, más allá de sus debates y análisis, vuelve a corroborar que no es el escenario natural para la solución de los problemas del continente. Ejemplo de ello es el tema de las Malvinas. El canciller argentino Jorge Taiana reiteró el rechazo a la ocupación de ese territorio por una potencia extraterritorial, potencia que habría que agregar, cuenta con el total respaldo del imperialismo norteamericano en tanto aliado estratégico. No es casual que poco esperaran los gobiernos latinoamericanos de esta nueva edición de la OEA a pesar de que en esta nueva etapa, su titular, José Miguel Insulza, informara que aún tienen por delante temas tan importantes y puntuales para la región como la ayuda a Haití, la crisis económica que provocó un retroceso en las finanzas del continente y su lógico empobrecimiento, la antiinmigrante Ley de Arizona y el derrame petrolero en el Golfo de México. Cierto es que estos y los anteriores mencionados son problemas que nos atañen a todos, como también lo son los de la integración, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos que fueron planteados por la representación de la Revolución Bolivariana. Temas que tendría que volver a nacer la OEA
para coadyuvar en sus soluciones, y eso, será imposible. El tiempo de la
OEA se agotó. |
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