DESDE  MIAMI
Por:  Roberto Solís
        de agosto de 2011
                                                          COMENTANDO LA NOTICIA

 

 

Estaba leyendo una supuesta noticia de como la Policía, arremete contra las prostitutas en las calles. Esta “profesión”, que  más vieja que Tutankamen y que jamás se ha podido eliminar de la sociedad,  como parte de la “busca” de los frijoles diarios que requiere cada familia. Vuelve a encontrarse en las páginas principales de la parte amarilla de la prensa, tan poco seria y verás que nos gastamos y que a veces no se cuneta con algo nuevo que decir, y como dije al principio, hay que fabricar “supuestas noticias” para entretener a los lectores.

   Pero en este caso pasa como siempre, se narra, cómo las agentes uniformadas, se cambian de su indumentaria y se “disfrazan de prostitutas”, (aunque aun no sabría diferenciar entre ambos atuendos, cuando se trata de la manera de vestirse de algunas damas, hasta de la alta sociedad). Después salen a calles en barrios “Rosas” para provocar a transeúntes y choferes y después detenerlos por intento de usar la prostitución, cosa que está supuestamente prohibido por las leyes.

   La narración de esta nota de Scott Wyman, en El Nuevo Herald, se explica el viejo procedimiento que se usa para “provocar” la comisión de un  supuesto delito. La muchacha, provocativa y  bien ataviada pasea por la acera y un individuo se le acerca y le habla para llegar a un acuerdo y tener relaciones sexuales, en este caso por solo $ 20 (debe ser una noticia muy vieja, pues los precios hace rato que han cambiado). Después la dama se identifica y hasta la operación es filmada con cámara oculta y el tipo irá derechito a  la cárcel, con alta fianza, juicio y posible condena de cárcel y otras cositas más.

   No es menos cierto que los vecindarios residenciales y comerciales, den parecer como la mujer del Cesar, honrados y limpios y esta actividad no debe verse paseando por todas partes como, dícese que para afear el ambiente. Claro que se debieran intronisar nuevas formulas que no incluyan crear el delito para después castigarlo. Esta será la “tarea del indio”, como dirían muchos, pero no se ve que se hagan esfuerzos para lograr nuevos posibles  intentos.

   Estas cosas nos recuerda que se pueden cometer injusticias ya que un auto podría detenerse al lado de una de estas jóvenes, disfrazadas, y su chofer  preguntar por una dirección y ahí mismo se le podría  detener por intento de realizar la prostitución.

   También recordamos hace años como se acostumbraba a dejar maletines pequeños en de las aceras del Aeropuerto de Miami, con algunos valores o cámaras fotográficas, aparentemente olvidadas, solas en las casillas  de teléfonos y cuando cualquier persona lo toma, aun sin saber si lo va o no a devolver, a “Lost and Found”,  se le detiene por “robo”. Hubo una vez un caso de un eminente médico de Boston,  al cual se le fue su vuelo, por habérsele detenido y fichado, con una cámara en sus manos encontrada en un teléfono público. Resulto ser que este individuo era un aficionado a la fotografía y tenía en su equipaje, más de $ 30, 000 en valores de  cámaras fotográficas de su propiedad.

   El asunto de provocar un delito para castigarlo después, debiera ser penado y no usado por las autoridades. Hay que inventar algo justo y  nuevo, para combatir estos. .

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   Ayer comentábamos los despilfarros que hace la administración del Hospital Jackson Memorial, en muchas cosas, pero ahora se trata de la remodelación aparentemente innecesaria, de sus alrededores, para que mejore la estética exterior del centro.

   Hoy declara Carlos Migoya, el nuevo administrador de Jackson que hereda, por cierto,  una catástrofe financiera de gran envergadura, que tiene planes agresivos para nivelar los faltantes en el presupuesto. Claro que siempre la justificación es que este Hospital atiende o brinda servicios a más de 650,000 sin seguro médico, cosa que estaría por probarse hasta la saciedad, ya que la inmensa mayoría de estas personas, están comprendidas en planes y categorías que tiene el Hospital para brindar sus servicios a precios preferenciales, pero finalmente, cobran una parte, casi siempre de sus servicios, que en otras palabras, los pobres de solemnidad deben pagar cuotas mínimas de $ 30 por cada consulta y  análisis, etc. así como las otras categorías deben pagar la mitad o dos terceras partes de las cuentas en total y a los hay que deben cobrarle  el 100 %.

   Además este centro hospitalario atiende a mucha pero mucha gente, con caros seguros médicos, y personas  de otros países, que se vienen a curar aquí y los cobros, son tipo americano, bien altos. Todo esto además de los subsidios del Estado y Federal que reciben por ser una entidad pública y de importancia docente e investigativa y también  les da los privilegios de poseer lo mejor de la ciencia y le técnica médica del momento.

  Finalmente, el Jackson se da el lujo de tener una nómina de centenares de  profesionales de la medicina ganando sueldos por el cielo, como ningún otro centro en el área, así como burócratas privilegiados con excesos de entradas mensuales. ¿Por qué a Migoya y sus numerosos  ayudantes, no les ha dado por revisar y acometer una prueba contra estos excesos que pudieran ayudar mucho, sin dañar tanto a los más modestos empleados?

   Les habló. Desde Miami, Roberto Solís.             

     

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