ESTAMPAS  CUBANAS
Por: Ciro Bianchi
                                                       

                                     Cómo surgió el teatro Auditórium

             El 2 de diciembre de 1918, María Teresa García Montes de Giberga reunió a un grupo de amigas en su casa de 15 y D, en el Vedado. Quería hacerlas partícipes de una idea: crear una sociedad que promoviera y patrocinara acciones artísticas. María Teresa dio lectura al reglamento de la proyectada sociedad y se constituyó la junta directiva. Así nacía Pro Arte Musical.

            Su propósito inicial era el conseguir el compromiso de un grupo de personas para que compraran localidades para cada concierto de importancia que tuviera lugar en La Habana. Hubert de Blanck y Francisco Acosta solían traer artistas de renombre y la Sociedad quería que, mediante su gestión, se adquiriera el mayor número de entradas posibles a fin de asegurar el éxito económico de las presentaciones y evitar al artista la humillación de una sala vacía. Quería además la Sociedad fomentar el gusto y el interés por la buena música.

            El éxito de la empresa fue lento pero sólido. Creció de manera interrumpida gracias a  la seriedad,  el depurado gusto artístico y la firmeza que caracterizaban a María Teresa García Montes de Giberga y a sus colaboradoras, y los conciertos que la Sociedad patrocinaba crecieron en número y calidad. Tenían por escenario la sala Espadero, del conservatorio de De Blanck, luego  el teatro Nacional y el teatro Payret.

            Decidió María Teresa  que Pro Arte funcionara como empresa y que asumiera por su cuenta y riesgo la organización de los conciertos.

            En junio de 1919  se propuso un proyecto grandioso. Quiso que Pro Arte dispusiera de un teatro con todas las ventajas posibles de acústica y comodidad. Hubo algunos intentos fallidos, pero en junio de 1925 el proyecto comenzó a marchar en firme. Se adquirió, en Calzada y D, el terreno donde se construiría el edificio; una superficie de 2 211 metros cuadrados, a un costo de 80 000 pesos, de los que la mitad se pagó al contado, constituyéndose el resto en una hipoteca, que fue redimida totalmente en junio de 1927. En agosto siguiente se colocó la primera piedra. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Moenck y Quintana y la ejecución de la obra de los ingenieros Albarrán y Bibal.

            El teatro Auditórium fue concluido en noviembre de 1928. El 22 de ese mes, día de Santa Cecilia, patrona de la música, monseñor Manuel Arteaga bendijo el edificio. El Club Rotario de La Habana le otorgó a la obra el Primer Premio del Concurso de Fachadas. En diciembre del propio 1928 se inauguró el teatro.

            Fue un gran concierto de gala que se dedicó a María Teresa García Montes. Figuraron en el programa la Orquesta Sinfónica de La Habana, conducida por Gonzalo Roig. El pianista José Echaniz. La soprano Natalia Aróstegui y un coro de cien voces. Se estrenó el poema Anacaona, para solista, coro y orquesta, de Eduardo Sánchez de Fuentes.

            El teatro Auditórium es un edificio de tres pisos. Cuenta con capacidad para 2 500 personas sentadas. Una de las mejores acústicas del mundo. En el teatro radicaba asimismo la casa social de Pro Arte Musical, con un elegante salón de recibo, salón de conferencias y actos varios, biblioteca, salón de juntas y oficinas.

            Después del triunfo de la Revolución se dio al teatro el nombre del gran músico cubano Amadeo Roldán. No se perdió sin embargo el nombre original y se le llama teatro Auditórium Amadeo Roldán.

            El 30 de junio de 1977, un incendio, producto de un sabotaje, silenció la emblemática instalación. Tras un largo periodo de restauración se reinauguró el 10 de abril de 1999. Es sede de la Orquesta Sinfónica Nacional.

            María Teresa García Montes de Giberga nació en La Habana, el 23 de junio de 1880. Era una buena soprano lírica, dominaba la técnica de la pintura y hablaba cuatro idiomas. Dirigió hasta su muerte la revista Pro Arte Musical.

            Enfermó en 1930. Una anemia profunda aconsejó su traslado a EE UU. Los médicos pensaron que podía mejorar en las montañas de Stanford. No hubo mejoría. Pasó a Nueva York en septiembre y murió en esa ciudad el 10 de octubre.

            El cadáver llegó a La Habana el día 14. En la casilla de pasajeros de los muelles del Arsenal se expuso el ataúd y durante unos treinta minutos una multitud enorme le rindió homenaje. El cortejo fúnebre partió de los muelles a las cuatro de la tarde. La calle Calzada estaba ocupada por filas compactas de personas. Se detuvo el cortejo frente al Auditórium y los miembros de Pro Arte depositaron sobre el ataúd sencillos ramos de flores. En el cementerio lo esperaba una enorme concurrencia. Tiempo después se erigiría sobre la tumba de María Teresa García Montes de Giberga  una columna de mármol que sostiene un ánfora.

            Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.

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