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12 de julio de 2010 |
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Larga
marcha al supremo Al presentar un recurso contra la Ley SB 1070 de Arizona, Barack Obama emprende un camino cuesta arriba y una batalla legal que puede perder; no porque le falten argumentos o porque no sea justa su demanda, sino porque como mismo ocurrió con la reforma de salud, se libra a favor de los más pobres y vulnerables. Seguramente el presidente será tomado entre dos pinzas: la derecha lo acusará de socialista y la izquierda lo impugnará por no dictar una reforma migratoria integral. El fuego amigo también puede ser letal. Una de las rarezas de los Estados Unidos es que siendo el país más poderoso y moderno de la tierra, es regido por una Constitución redactada hace 221 años, que en sus aspectos esenciales no ha sido modificada y que pese a su antigüedad, no es un anacronismo, sino una herramienta consultada y usada frecuentemente por muchas personas para diversos propósitos. Ahora es invocada por el gobierno quien la alude para confrontar a la legislatura del estado de Arizona a propósito de la ley SB 1070. Estados Unidos declaró su independencia en 1776 y puso en vigor la Constitución en 1789, es decir 13 años después. Tan larga espera se debió a que a diferencia de todas las repúblicas existentes, las cuales, antes que Estado fueron nacionalidades y naciones, formadas como fruto de dilatados procesos sociales y culturales, los Estados Unidos son hijos de un acuerdo político y de la voluntad de la vanguardia revolucionaria más esclarecida de su tiempo. Los Estados Unidos fueron la primera república y el primer Estado de Derecho del mundo y su Constitución, también la primera, es el único documento jurídico que ha regido en cuatro siglos. La Constitución norteamericana no ha dejado de regir un solo día, nunca, por razones políticas se decretó un estado de excepción, ningún presidente ha sido depuesto, y a pesar de verse envuelto en una guerra civil y dos mundiales, no dejaron de celebrarse elecciones. Lo primero que resalta en la historia de los Estados Unidos es que se trata de un país del Nuevo Mundo procedente de la misma raíz de la que nacieron todas las repúblicas fundadas en las ex colonias americanas y como ellas, fue oprimido por una metrópolis europea e iluminado por un esfuerzo libertario. La diferencia estriba en la vocación unitaria que permitió crear una sola entidad estatal. Por despreciar profundamente el despotismo vigente en la Europa preindustrial, los revolucionarios de 1776 se apartaron radicalmente de las prácticas realistas y apostaron por el liberalismo clásico. Como en cualquier evento de unión política, en aquel estuvieron envueltas identidades locales, intereses económicos, territoriales y naturalmente los asociados al poder político y como cualquier otro, afrontó multitud de contradicciones, tuvo que vencer reservas y promover un clima de confianza para avanzar hacia la edificación de un Estado y un sistema político definitivo. Esas peculiaridades explican por qué la adopción de la Constitución, redactada por 50 prohombres y aprobada por las legislaturas de los 13 estados originales demoró más de una década. Los números indican las tensiones de aquel debate en el que sólo en tres de los estados (Delaware, New Jersey y Georgia) la votación fue unánime. En Pennsylvania los votos fueron: 46 a favor 23 en contra, en Connecticut 128 si y cuarenta no; en Massachusetts el proyecto recibió 168 votos en contra, en Maryland 11 diputados votaron no, en Carolina del Sur fueron 73 los sufragios negativos, en New Hampshire 47 en contra y en Virginia 79. En Nueva York 27 dijeron no, en Carolina del Norte hubo 77 votos desfavorables y en Rhode Island el texto se aprobó por una diferencia de dos votos: 34 a favor y 32 en contra. La suma y las complejidades, las concesiones y los arreglos, el dar y tomar, explican la letra y el espíritu de la Constitución norteamericana, la misma a la que ahora acude el gobierno para, ante un tribunal de Arizona, reclamar por la inconstitucionalidad de una ley que perjudica a los más pobres. El camino será largo, plagado de maniobras legales y de tecnicismos. Trataré de prever algunos de ellos. Allá nos vemos.
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