
La Habana, 13 oct (PL) A punto de cumplir un
mes con marchas, acampadas y mítines, el movimiento de
protesta Ocupar Wall Street (OWS) pasó de ser una eventual
espontaneidad ciudadana a conquistar un puesto importante en
el debate político nacional de Estados Unidos.
El propio presidente Barack Obama y otros
actores fundamentales en la nomenclatura gubernamental han
tenido que prestar atención a los miles de voluntarios,
activistas civiles, sindicalistas, y delegados comunitarios
movilizados en decenas de ciudades norteamericanas.
Al margen de los comentarios del mandatario demócrata, es un
hecho que las protestas organizadas bajo la proclama de Occupy
Wall Street reflejan la frustración del pueblo estadounidense
afectado por los coletazos de la peor crisis económica desde
la Gran Depresión de 1930.
El movimiento cívico resume quejas populares ante las causas y
efectos de la recesión industrial. Sus rostros más visibles
son ciudadanos comunes y sencillos, la mayoría de ellos no se
sienten representados en las actuales instituciones federales.
Ocupar Wall Street pide atención para ese gran por ciento de
norteamericanos a los que no escucha la Casa Blanca, y sobre
todo son menospreciados por la inmensa telaraña financiera
integrada por las grandes corporaciones y los megabancos,
virtuales dueños de media Norteamérica.
Versiones de la prensa internacional comparan las protestas
iniciadas frente al mercado bursátil de Nueva York con las
movilizaciones ciudadanas de la Plaza del Sol, en Madrid, de
ahí el sobrenombre generalizado de Indignados de Wall Street.
Lo cierto es que la organización ya se ganó el respaldo de
importantes gremios sindicales estadounidenses, y en el año
electoral 2012 podría funcionar como una entidad inspiradora
de votos demócratas, además de un contrapeso frente al
conservador Tea Party.
El llamado Partido del Té parece estar oliendo el peligro.
Ante la pujanza de su potencial rival en calles y urnas,
publicó un mensaje en su página de Internet donde intenta
descalificar las acciones de los Ocupas como "frenéticas y
divisorias".
También los líderes republicanos John Boehner, Eric Cantor,
Herman Cain, y hasta un personaje cuasi jubilado como Newt
Gingrich, se sumaron a los ataques verbales contra el grupo
OWS, al que denominan una "multitud irresponsable de hippies
celosos y maleducados".
Occupy Wall Street denuncia la codicia desmedida de los
banqueros en coincidencia con un programa de la administración
Obama dirigido a incrementar impuestos a los superricos,
mientras los debates en el Congreso son intensos alrededor de
ese proyecto de ley.
El movimiento emerge el último 17 de septiembre, apenas seis
semanas después que Estados Unidos estuviera a punto de caer
en moratoria de pagos, por primera vez en su historia y por
culpa del estancamiento parlamentario en relación con el
problema del techo de la deuda.
Surge en una etapa cuando el proceso electoral norteamericano
comienza a transitar hacia los meses de pleno apogeo
proselitista, y cuando desde la Oficina Oval Barack Obama
observa con preocupación como su popularidad se mueve a la
baja y sin pronósticos halagüeños. Dentro de ese panorama de
relativo desconcierto político-ideológico nacional están
planteadas las actuales apuestas sobre el porvenir del foro
que recomienda Ocupar Wall Street.
Su presencia reformista ya deja verse en los principales
enclaves metropolitanos de Nueva York, Washington, Boston,
Filadelfia, Los Ángeles, Chicago, Miami, Dallas, y otras
ciudades destacadas. La policía encarceló a centenares.
Empero, la movilización continúa en pie y se fortalece.
El lunes pasado el magnate del hip-hop Russell Simmons, la
estrella musical del mismo género, Kanye West, y el reverendo
Al Sharpton se sumaron a la causa OWS.
Los del partido azul van ponderando posiciones. El Comité de
Campaña Demócrata difundió una petición donde exhorta a la
gente a respaldar las protestas y enviar un mensaje claro al
"insensato liderazgo republicano". Los correligionarios de
Obama pretenden pescar en río revuelto.
"Los bancos no tomarán más nuestras casas. No robarán a los
estudiantes. No destruirán más el medio ambiente. No
financiarán la miseria de la guerra. Los bancos no causarán
más desempleo masivo", es la sentencia capital de los Ocupa.
La suerte está echada. El eco resuena de costa a costa.
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