ESTAMPAS  CUBANAS
Por:  Ciro Bianchi
13 DE OCTUBRE DE 2011                                                                                  

Inglesa por un año

La historia de Cuba, durante la Colonia, fue en buena medida la historia de La Habana. La importancia de la Isla no radicaba en su extensión territorial, sino en las ventajas de la posición geográfica de su capital, llave del Golfo y antemural de las Indias.  A los ingleses, en 1762, les bastó con apoderarse de La Habana y no del resto del territorio insular, y Madrid para recuperarla entregó a Londres, al año siguiente, toda la península de la Florida.

            Transcurría la llamada Guerra de los Siete Años, en la que Francia y España se enfrentaban como aliadas a Inglaterra, cuando en los primeros días de junio de 1762 era avistada frente a las costas habaneras la mayor armada que hasta ese entonces había cruzado el Atlántico. La conformaban 34 embarcaciones y unos 20 000 hombres en total.

            Los vigías habaneros avisaron de la presencia enemiga, pero el Gobernador General de la Isla restó importancia al asunto. Se creía dueño y señor de una plaza inexpugnable y no tomó medida alguna hasta que los centinelas del Castillo del Morro le comunicaron que los ingleses desembarcaban en la playa de Cojímar. La máxima autoridad española confiaba en que el Morro, como lo había hecho durante los cien años precedentes, cumpliría sobradamente con la defensa de la ciudad y el puerto. Los ingleses, en cambio, sabían que, aunque bien protegida, La Habana era quebrantable, y que el Morro mismo no podría resistir el asedio si se le atacaba desde la vecina loma de la Cabaña. El gobernador español sumó un error tras otro: los dos navíos que ordenó hundir a la entrada del puerto, solo consiguieron embotellar la escuadra española. La demora en el refuerzo hizo inútil la denodada defensa del Morro; cuando decidió hacerlo,  la ayuda la conformaron unos 1 500 hombres —blancos y negros— a los que la incapacidad de su jefe llevó a una muerte irreversible. El error mayor del gobernador español fue el abandonar la loma de la Cabaña apenas sin presentar resistencia. La Habana lloró con amargura esa decisión. A partir de ahí comenzaron los preparativos para rendir al Morro, que cayó en manos inglesas 44 días más tarde.

            Nada había ya que hacer.  Con el Morro se perdía la posibilidad de salvar La Habana.  Los ingleses concentraron su fuego sobre la línea de defensa que corría entre los castillos de La Punta y La Fuerza.  Bombardearon La Habana desde el amanecer hasta la una de la tarde del 11 de agosto, cuando los españoles izaron bandera blanca.

            Los habaneros defendieron valientemente su ciudad y no menos cívica fue su conducta durante los once meses que vivieron bajo la dominación británica. La Habana no quería ser inglesa.  El Ayuntamiento de la capital defendió con entereza sus fueros y libertades, así como su fe religiosa y la lealtad a España: sus regidores continuaron actuando con fieles súbditos del monarca español. Justo es decir que la organización del gobierno y la administración de la ciudad no fueron alteradas por los ocupantes, pero no consiguieron hacerse de la estimación de los naturales que acogían sus invitaciones con reserva y no pocas veces con manifestaciones de hostilidad. Criollos acaudalados se refugiaron en sus haciendas, mientras que los vendedores de productos del agro y de artículos de uso común espaciaron su presencia en los mercados. La sociedad tachó de desafectas a la fe católica y a la patria a las muchachas que llevaban relaciones amorosas con ingleses y, una vez cesada la ocupación, procesó como traidores a los colaboracionistas. Las mujeres escribieron el primer documento conocido que acusó de negligencia y cobardía a los jefes españoles y exaltó el coraje de los  criollos.

            Los invasores sacaron de La Habana alrededor de 3,5 millones de libras esterlinas como botín de guerra, pero su paso dejó no pocas ventajas. En el plano internacional, la toma de La Habana por los ingleses recrudeció la lucha por el dominio del Caribe, lo que motivó la modernización del sistema defensivo de la ciudad, con edificación de fortalezas como La Cabaña, y la reorganización de la economía, con notables concesiones a la oligarquía criolla.

            Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.

            http://wwwcirobianchi.blogia.com    

Webmaster: María Eugenia Tomás
Técnico de Audio y Montaje: Sergio Montané
Copyright 2009. www.laradiomiami.com