LA OPINION DEL DIA
Por: Jorge Gómez Barata
       16 de septiembre de 2011 

                                                       LosTiempos y los ritmos                                                                

Aunque gigantescas anomalías obstaculizan su comprensión, los procesos históricos son graduales y en ellos concurre un “determinismo económico, cultural y tecnológico”. Quienes asumen que el crecimiento económico, la ciencia, la introducción de la justicia social, los avances democráticos y las políticas sociales adecuadas cambiaran al Tercer Mundo están más cerca del marxismo y del socialismo que aquellos que lo asocian a la vigencia de ideologías exclusivistas y acciones extremas. Para la izquierda de hoy, no se trata de tomar el poder para aplastar a sus adversarios en la lucha de clases, sino de utilizarlo como palanca promotora del progreso.

Aunque siempre lo fueron, el realismo y la moderación son componentes esenciales de cualquier proyecto político de la izquierda, que además de vencer la resistencia de las oligarquías y las burguesías locales, firmemente atrincheradas y apoyadas por el imperialismo, deberán asumir la realidad económica y política mundial y confrontar prejuicios difíciles de batir. La fallida experiencia socialista europea resta atractivos a la idea de que para progresar es preciso rectificar radicalmente el curso de la historia.

India y Pakistán están uno al lado de la otra, lo mismo que Haití y República Dominicana; sin embargo el desempeño, niveles y expectativas de desarrollo económico y social son considerablemente diferentes. En Centro América, Costa Rica se distingue por sus indicadores sociales y en 60 años Corea del Sur y Taiwan llegaron más lejos que Colombia y Venezuela en doscientos. Aunque concurren otros factores, la administración hace la diferencia; con ella no se resuelve todo pero cuando falla, no se resuelve nada.

A pesar de enormes tensiones internas, el liderazgo de la India alcanzó la estabilidad y la coherencia que Pakistán no pudo lograr y la Revolución Haitiana sucumbió a la venganza de Francia, a la ocupación norteamericana y al primitivismo impuesto por una impresionante galería de gobernantes corruptos. Aunque ninguno es perfecto, los países mejor administrados avanzan más consistentemente.

En América Latina donde con la excepción de Colombia y México no existen conflictos internos que pongan en peligro la gobernabilidad ni paralicen el desarrollo y, en general, existe un clima propicio para atraer inversiones y movilizar la iniciativa empresarial interna; lo funcional son los enfoques realistas y moderados con adecuadas mezclas de autoridad del Estado, políticas de desarrollo viables, legislaciones apropiadas y gobernantes capaces de formar consensos y liderar los esfuerzos a favor de un progreso más o menos integral.

Brasil y Argentina donde esos procesos comenzaron con Bartolomé Mitre, Getulio Vargas y Perón, aun con el interregno de las dictaduras militares y la burguesía sometidas al capital extranjero, germinaron las simientes de un nacionalismo económico coherente y modernizador, que en Brasil fue relanzado por Cardoso y Lula y en Argentina retomado por los Kirchner que, objeciones aparte, en coyunturas decisivas encabezaron administraciones competentes; por esos caminos con sus peculiaridades y sus tensiones transitan Uruguay y Paraguay.

Bolivia y Ecuador, conducidos por liderazgos auténticos, legítimos y calificados, aunque desde puntos de partida desventajosos y venciendo enormes dificultades, avanzan consistentemente acompañando discursos políticos de izquierda con actitudes realistas en materia de desarrollo económico y progreso. 

En Centroamérica donde la oligarquía más primitiva conserva reductos, también la izquierda no doctrinal y modernizadora registra avances. Nicaragua, El Salvador y Guatemala, aunque azotados por olas de violencia y criminalidad que pueden frenar el progreso, disfrutan de sus mejores oportunidades.

Venezuela que parte de una situación interna y externa  excepcionalmente compleja y difícil, derivada del petróleo bendito y maldito es eje, motor y parte de un clima de transformaciones revolucionarias internas y de avenencia, cooperación e integración regional, se ha gestado un fenómeno político que optando por la vía revolucionaria avanza en un proyecto de implantación del socialismo.

 En cualquier caso, incluida Cuba, la tarea del momento no es cultivar utopías, sino consolidar lo alcanzado hasta hacerlo irreversible, creando condiciones para que los ejercicios democráticos, sin los cuales no se irá a ninguna parte, sirvan no sólo a unas fuerzas u otras, sino a los intereses nacionales más legítimos y hoy más que nunca están ligados al desarrollo general.

Como los estrategas que maniobran, los liderazgos políticos de ahora deben pulir sus tácticas, no para ser espectaculares, sino para ser eficaces. El maximalismo es una enfermedad infantil. No por silente y discreta la gestión que empuja la evolución progresiva es menos eficaz.  Allá nos vemos.

 

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