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El derrocamiento
de Mossadegh por la CIA
JUAN MARRERO
El tema de las amenazas a Irán ha estado presente en las
recientes Reflexiones e intervenciones de Fidel Castro. Se ha
referido, en particular, a un hecho ocurrido 57 años atrás: el
derrocamiento del gobierno legítimo del primer ministro iraní
Mohammad Mossadegh, luego de que había dispuesto la nacionalización
del petróleo, entonces explotado por la Anglo-Iranian Oil Company,
controlada por el gobierno británico, y que años después se llamó
British Petroleum (BP), la misma que ha ocasionado en estos días, en
el Golfo de México, el mayor desastre ambiental de la historia.
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El primer ministro iraní,
Mohammad Mossadegh, fue un obstáculo para el dominio de
Estados Unidos sobre Irán, y por eso fue derrocado por la CIA. |
El año pasado (4 de junio) en la Universidad
de El Cairo, en un discurso dirigido a los musulmanes, el presidente
Obama reconoció que "en plena Guerra Fría, Estados Unidos desempeñó
un papel en el derrocamiento de un gobierno elegido
democráticamente", el de Mossadegh, en Irán.
Justo es que lo haya reconocido, pues desde
hace varias décadas es sabido que personalmente el entonces
presidente norteamericano, Dwight Eisenhower, el secretario de
Estado, John Foster Dulles, y su hermano Allen Dulles, director de
la CIA, dirigieron todo el complot para derribar al gobierno de
Mossadegh, un político de ideas democráticas y nacionalista, pero
insospechable de tener simpatías por el comunismo.
En sus memorias, Eisenhower escribió tres
meses después de llegar a la Casa Blanca que "Irán parecía estar a
punto de caer en manos de los comunistas" y que su petróleo no
debía, "bajo ninguna circunstancia, pasar a manos del comunismo".
Ninguna compañía petrolera norteamericana
había sido afectada por la soberana decisión de Mossadegh, pues el
control de ese recurso estratégico estaba en manos de la Anglo-Iranian
Oil Company, en la cual el gobierno de Londres tenía el 52% de sus
acciones desde que se fundó a principios del siglo XX, tras el
descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo en Irán.
A la CIA, que entonces solo tenía seis años
de creada, le encargaron aplicar sus manuales de subversión para
derrocar a un gobierno legítimo. Lo logró en el caso de Irán y, al
año siguiente, también en Guatemala, cuando el gobierno popular y
democrático de Jacobo Arbenz tuvo la osadía de incluir en su
programa una reforma agraria. Donde el esquema subversivo de la CIA,
en distintas variantes, ha tenido derrota tras derrota fue en la
Cuba revolucionaria a partir del Primero de Enero de 1959 y a lo
largo de medio siglo.
Claude Julien, periodista francés que fue
redactor-jefe de la sección internacional del diario Le Monde,
escribió en su libro "El Imperio norteamericano", publicado en París
en 1968, un minucioso y documentado relato sobre el exitoso ensayo
de la CIA en Irán, en 1953.
Luego del 2 de agosto, en que se efectuó un
referéndum, donde el 99,4% de los sufragios depositados, respaldó al
gobierno de Mossadegh, la CIA intensificó su acción. Desde Suiza,
donde se concentraron con distintos pretextos Allen Dulles, Loy
Henderson, embajador yanki en Teherán, y familiares del Sha Reza
Pahlevi, se dirigieron las etapas del golpe de fuerza.
Entretanto, con la fachada de turista, llegó
a Irán el general norteamericano H. Norman Schwartzkopf, un
tenebroso personaje que había reorganizado la policía del Sha entre
1942 y 1948. Se le consideraba un experto sobre Irán. En sus manos
la CIA puso diez millones de dólares, una cifra respetable en
aquellos tiempos, para distribuirlos secretamente entre personajes
del gobierno que los movía más la plata que el servicio a su pueblo.
Con una parte de ese dinero —cerca de 400 000 dólares—, también se
compraron elementos antisociales para que se lanzasen a las calles a
repudiar al gobierno. Del resto se encargarían los grandes medios de
comunicación del Imperio para presentar las demostraciones como una
insurrección popular. Y los oficiales del Ejército leales al Sha,
quien se había refugiado en Italia, fueron contactados y bien
pagados por Schwartzkopf para que arrestaran a Mossadegh y a sus
principales seguidores.
Al mundo se le dijo una gran mentira: el
pueblo iraní, que en el referéndum del 2 de agosto manifestó su
confianza en Mossadegh, fue el mismo pueblo que lo sacó del poder el
19 de agosto.
Schwartzkopf, junto con el Sha, seleccionó
al nuevo gobierno encabezado por el general Zahedi, quien ocupó el
cargo de primer ministro. Había sido jefe de la policía del Sha, era
uno de los principales acaparadores de trigo en el sur de Irán y,
además, siempre tuvo relaciones estrechas con agentes de la Alemania
nazi, que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, se habían
refugiado en territorio iraní y vivían en las montañas. Ese fue el
hombre al que la CIA recurrió para derrocar a Mossadegh en nombre de
la democracia y formar otro gobierno en Teherán. Y tales "méritos"
no eran despreciables en los días de la Guerra Fría durante el
combate para la contención de la Unión Soviética.
Ese "demócrata" de Zahedi organizó seis
meses después unas elecciones llamadas libres. La revista Time
escribió: "Todo no fue más que un fraude. Los 12 diputados elegidos
a la Asamblea Nacional fueron escogidos antes de que el primer
votante depositara su papeleta en la urna. Todos eran partidarios
del general Zahedi. Un elector depositó su papeleta y después hizo
tres profundas reverencias ante la urna. Al preguntársele el motivo,
contestó: ‘Esta urna es una caja mágica. Se mete una papeleta con el
nombre de Mossadegh y, al proceder el escrutinio, se ha convertido
en un voto para Zahedi’".
Mossadegh fue condenado a tres años de
cárcel y a reclusión domiciliaria el resto de sus días. Falleció en
1967.
Claude Julien cuenta en su libro que el
gobierno de Zahedi logró zanjar el pleito del petróleo. La Anglo-Iranian
Oil Company comenzó a desaparecer como tal. Y en un gesto de
agradecimiento por el papel decisivo desempeñado por Estados Unidos
varias compañías petroleras de ese país —la Standard Oil, la Texaco
y la Socony Vacuun Oil, entre otras— fueron admitidas en un nuevo
consorcio. Y así se dieron los pasos para el nacimiento de la
British Petroleum, donde Gran Bretaña y Estados Unidos tenían cada
uno el 40% de las acciones. Con la revolución islámica de 1979, la
BP fue expulsada de Irán.
Se trata de una historia interesante y bien
necesaria para comprender las raíces del caso iraní, y de los nexos
de la BP y el gobierno de Estados Unidos. (Tomado de Cubadebate) |