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21 de septiembre de 2011 |
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Mestre y Pumarejo; eternos rivales En 1949 Goar Mestre, propietario del Circuito CMQ, anunció que en un plazo de tres años su empresa comenzaría a operar la televisión en Cuba. Pero al año siguiente, es decir en 1950, otras dos figuras del medio radial manifestaron el mismo propósito: Gaspar Pumarejo, de Unión Radio, y Amado Trinidad, de la RHC Cadena Azul, que hablaba ya de traer la TV en colores. Pumarejo escaló poco a poco entre los cuadros de la CMQ; llegó a ser jefe de programación de esa emisora, y entre otros aportes, fue el creador de Radio Reloj. No se sintió sin embargo suficientemente recompensado o no fue recompensado en nada y salió de la empresa para convertirse en un enemigo acérrimo de Mestre. Amado Trinidad y Goar Mestre también fueron aliados, por muy rara que pareciera aquella pareja que conformaban un guajiro de Ranchuelo y un graduado de la universidad norteamericana de Yale. Pero así son las cosas. Fue una alianza estratégica. Mestre necesitaba de Amado Trinidad para arremeter contra Ángel Cambó y Miguel Gabriel, los propietarios originales de la CMQ. Pero cuando liquidó a Cambó y a Gabriel, se volvió contra Trinidad y lo destrozó. De cualquier forma, caído su ánimo y muy enflaquecida su bolsa, Trinidad quedó en definitiva al campo en el intento de acometer la TV en Cuba, y entre los otros contendientes ocurrió lo inexplicable: Pumarejo le cogió la delantera a Mestre. El 12 de octubre de 1950, en sus estudios de Mazón y San Miguel, Pumarejo hizo la primera prueba en circuito cerrado. El 16 hizo otra prueba y el 24 el presidente Prío, desde el Palacio Presidencial, dejaba inaugurada oficialmente la televisión en Cuba. Había surgido la primera de las televisoras con que contó la Isla: Unión Radio Televisión Canal 4. Mestre, que pensaba en lanzarse el 12 de marzo de 1951 se vio obligado a anticipar sus planes, y el 18 de diciembre abría el Canal 6. Pumarejo nació en Santander, España, en 1913, y llegó a Cuba con siete años de edad. Fue empleado de una ferretería hasta que comenzó a trabajar en Radio Salas. Su paso por La Palabra, un periódico radial de la CMQ, le dio fama y popularidad; gustaba a la radio audiencia pese a su gaguera. Fue un empresario audaz y arriesgado. Dicen los que lo trataron que tenía pocas ideas propias, pero era capaz de apropiarse de la iniciativa ajena y hacerla mejor. Tenía defectos en su contra: era poco constante y carecía casi por completo de sentido de la organización. Además, disponía de poco dinero. No tardaría mucho en deshacerse de Unión Radio. Resurgió en el sector al arrendar espacios en el Canal 2: el de “Escuela de Televisión”, en horas de la noche, y, por las tardes, “Hogar Club”, una modalidad de banco de capitalización y ahorro en forma de agencia de sorteos, que llegó a contar con 102 000 socias que pagan la cuota mensual de un peso. Se empeñó en traer a la Isla la televisión en colores y en 1957 inauguró en efecto el Canal 12, del que aparecía como dueño cuando el verdadero propietario era Fulgencio Batista, a quien Pumarejo vendió también sus acciones en la Cadena Azul de radio. El proyecto televisivo de Goar Mestre fructificó. Mestre era el orden mismo. Propietario de 23 empresas, que iban desde la CMQ Radio y TV y el edificio FOCSA hasta la fábrica de velas El Santísimo, su capital, calculado en más de 15 millones de pesos, era infinitamente mayor y contaba con el respaldo de grandes intereses norteamericanos. Era uno de los empresarios cubanos más exitosos, con mayor iniciativa y capacidad de gestión. Un detalle curioso: Goar y sus hermanos Abel y Luis Augusto nunca viajaban en el mismo avión ni siquiera en el mismo automóvil por temor a un accidente que los borrara a todos. Pensaban que si uno de ellos moría, otro quedaría al frente de los negocios familiares. Goar y Abel vivían frente por frente en la barriada del Country Club y el otro tenía su casa al doblar de la esquina. Esa forma de asumir la vida la llevaron hasta el final de su camino en Cuba. Cuando Goar y Abel salieron del país, para no volver, en 1960, Luis Augusto quedó al frente de los intereses de la familia, que no fueron intervenidos sino seis meses después, y al cuidado de lo que quedaba de ellos permaneció aquí hasta su muerte. Goar intentó recuperarse en el extranjero. Llegó a la Argentina, donde la televisión estaba todavía en pañales, y organizó una productora televisiva y compró lo que sería en Canal 13. Pero durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón le pasaron la misma película que había visto en La Habana: le intervinieron el Canal. Nunca pudo recuperar en Buenos Aires lo que perdió en Cuba. Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross. |
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