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19 de agosto de 2010 |
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Otros peligros nucleares Haya o no guerra nuclear a corto plazo, Fidel Castro llama la atención de la opinión pública generando un debate que hace visible un asunto que por su naturaleza, escala y complejidad es vital para la seguridad internacional y debiera ser abordado de modo integral: la energía atómica. Alguien se ha preguntado: ¿Por qué existen alrededor de 150 submarinos, portaaviones y destructores movidos por energía nuclear y ningún buque mercante? En toda su vida útil un barco mercante de gran tonelaje movido por energía atómica no produce lo suficiente para cubrir los costos de su construcción, operación y mantenimiento. La economía y la racionalidad hacen la diferencia. El hecho de que únicamente las armadas de: Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China posean submarinos atómicos, indica el lujo que tales artefactos significan. De los años sesenta a la fecha alrededor de 40 submarinos y otras embarcaciones militares movidas por energía atómica han sido fabricados y desguazados sin que (afortunadamente) participaran en ninguna acción combativa. La cantidad de accidentes en submarinos atómicos comparados con las naves en uso hace de ellos artefactos letales. Durante la Guerra Fría, incluso actualmente, los submarinos nucleares de Estados Unidos y la Unión Soviética funcionan como bases de cohetes atómicos sumergidas. De ese modo las mismas potencias que promovieron los acuerdos, encontraron una manera de violar la prohibición de instalar armas nucleares en los lechos marinos y una forma de establecer bases fuera de su territorio sin asumir las complicaciones políticas de las ubicadas en otros estados. Lo que para las potencias navales del momento: Estados Unidos con 54 Rusia 52, Gran Bretaña 12, Francia 6 y China 5 submarinos atómicos, significa una enorme capacidad de ataque virtualmente invulnerable, excepto que los escudos antimisiles lleguen a funcionar eficientemente, es para toda la humanidad un peligro mortal. La eventualidad (que ya ha ocurrido, nadie sabe exactamente cuántas veces) de que submarinos nucleares movidos por grandes reactores de uranio enriquecido y armados con veinte o más cohetes dotados de ojivas atómicas múltiples zozobren por accidentes, fuego intencionado o sufran averías en sus reactores a grandes profundidades, hace real la terrible eventualidad de un Chernóbil oceánico, frente al cual el derrame de crudo en el Golfo de México parecería una anécdota. A propósito debe recordarse que la causa visible de que los norteamericanos se involucraran en la primera Guerra Mundial fue el hundimiento por un submarino alemán del buque Lusitania y que, técnicamente, Estados Unidos entró en la II Guerra Mundial cuando Roosevelt ordenó a la armada norteamericana proteger los convoyes que a través del Atlántico trasladaban pertrechos militares a Gran Bretaña y la Unión Soviética. Después de Pearl Harbor el escenario de la lucha antisubmarina se amplió al océano Pacifico y virtualmente a todos los mares. Debido a las ventajas de estas plataformas de lanzamiento de misiles submarinas, para evadir a los medio de exploración convencionales a la aviación e incluso a los satélites y por la gran protección natural que forman las masas de agua que los cubren, privilegia a los submarinos nucleares como opción estratégica. Naturalmente que en esta área también se plantea la eterna puja entre los proyectiles y los blindajes, competencia que significa un enorme peligro para la humanidad. Estas y otras circunstancias plantean la urgente necesidad de un debate en torno a la prohibición de los submarinos nucleares o de acuerdos que limiten sus operaciones en el océano mundial o en las proximidades de los estados que no posen armas nucleares Una moratoria en la construcción de tan demoniacos artefactos sería un importante paso. |
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