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2 de septiembre de 2010
Bola negra Aunque se dice que ingleses avecindados en La Habana lo jugaban a escondidas desde la década de 1880 —para que los cubanos no aprendieran las reglas del juego— el tennis comenzó a practicarse en Cuba en 1903, en el Vedado Tennis Club. El Vedado Tennis se fundó en 1902 y tuvo su primera sede —un edificio de madera, bellísimo— muy cerca de su emplazamiento actual. Cuando el Malecón se amplió hasta la desembocadura del Almendares, el Tennis obtuvo que se construyera un pequeño puente para sacar al mar sus canoas de remo deportivo. Durante un tiempo este club estuvo a la par, en lo que a prestigio social se refiere, con el Habana Yacht Club. Pero fue perdiendo posición debido a su falta de playa y al éxodo de sus socios cuando la presidencia fue ocupada por un pariente cercano de Machado; José Emilio Obregón, yerno del dictador y mayordomo del Palacio Presidencial. También debe haber influido en eso su política de admisión de nuevos asociados, sobre todo jóvenes, con condiciones para el deporte, pero sin fortuna ni apellidos. Aun así, en Vedado Tennis siguió siendo uno de los Cinco Grandes. Sucede que un grupo selecto de estos antiguos clubes se agrupaba para competencias deportivas: natación, clavados, yatismo, remos, bolos, béisbol, sófbol y ocasionalmente fútbol colegial americano. Y las competencias incluían encuentros internacionales. Eran: Habana Yacht Club, Biltmore, Miramar Yacht Club, Casino Español y Vedado Tennis Club. Posteriormente se dio entrada al Club de Profesionales, pero el grupo mantuvo su nombre original de Big Five. No hablaré del hondo sentimiento racista que se enseñoreaba en esos clubes. Infiero que el radio escucha lo conoce o intuye. No quiero, sin embargo, pasar por alto una anécdota. Una tarde, Alfredo Hornedo llegó a la redacción de su periódico El País hecho una furia. Acaba de enterarse de que le habían negado el ingreso en el Habana Yacht Club. Fortuna suficiente tenía Hornedo para convertirse en socio de esa instalación, pero aquella sociedad ranciamente intolerable no perdonó el color de su piel; Hornedo era mulato y le echó bola negra, como años después, por el mismo motivo, se la echaría al general Fulgencio Batista, lo que lo llevó a beneficiar al club Biltmore otorgándole una amplia marina. Aún no repuesto del impacto que ocasionó en él la negativa, Hornedo dijo a Pablo Álvarez de Cañas, el avispado cronista social de El País y esposo de la poetisa Dulce María Loynaz, que a partir de ese momento quedaba terminantemente prohibido mencionar al Havana Yacht Club en las páginas de su periódico. La orden cayó a Álvarez de Cañas como un cubo de agua helada. El no solo era socio del Havana Yacht Club, sino que nutría buena parte de su crónica con los actos y ceremonias que auspiciaba dicha sociedad. Trató de que Hornedo variara su determinación. Le dijo: -Pero, Senador, ¿qué importancia tiene para un hombre como usted pertenecer o no pertenecer al Havana Yacht Club? ¿No se da cuenta de que no hay comparación posible entre un hombre como usted y toda esa caterva de vagos que tira su dinero en el bar o en la mesa de juego? El senador Hornedo, «el muy ilustre senador Hornedo», como se le llamaba siempre en su periódico El País, reconoció que «Pablito» Álvarez de Cañas tenía razón, que él, un hombre hecho por sí mismo, poco tenía que ver con los que hubieran sido sus compañeros de club y que, en verdad, pertenecer o no pertenecer a aquella sociedad poco le importaba, y que si había solicitado su ingreso era porque quería que su esposa Blanquita Maruri, ya muy enferma, disfrutara de una buena playa. -Pero, Senador —dijo «Pablito»— si esa buena playa que ansía para doña Blanquita usted mismo puede construírsela… Hornedo quedó mudo ante las palabras de su subordinado, pero no demoró en reaccionar. -¡Claro que puedo construírsela! ¿Cómo no se me ocurrió antes? -Desde luego que se le ocurrió —repuso «Pablito», que era un bicho—. Pero está usted tan ofuscado que no puede poner en orden sus ideas. Dicho y hecho. Hornedo construyó el Casino Deportivo. Pero no permitió en su sociedad el acceso a negros ni mulatos. Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross. http://wwwcirobianchi.blogia.com
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