LA OPINION DEL DIA
Por: Jorge Gómez Barata

        2 de septiembre de 2011

 

                                                             LA VIEJA Y NUEVA IZQUIERDA

El papel de la izquierda avanzada de nuestros días, cuyos escenarios no están en Europa sino en América Latina, no es suspirar por los tiempos idos, sino recobrar la identidad y el protagonismo para ser una opción política compatible con el progreso y el desarrollo. Los resultados de los que así actúan están a la vista; quienes se aferren al pasado, en pasado se convertirán. 

Al tomar el poder, los bolcheviques declararon que la revolución concebida por Marx se había realizado. Desde entonces la Unión Soviética asumió el liderazgo del movimiento comunista internacional y de la izquierda radical, se erigió en albacea de Karl Marx y se definió a sí misma como encarnación del marxismo.

Los partidos comunistas se colocaron bajo la orientación de Moscú, adoptaron sus enfoques teóricos, sus consignas y sus tácticas. Al caer, setenta años después, la Unión Soviética arrastró consigo lo que a su amparo se había construido: el movimiento comunista internacional dejó de existir, la izquierda se atomizó y perdió protagonismo y el marxismo, sostén teórico del pensamiento alternativo al capitalismo se remitió. Con el perfil tradicional, sólo Cuba sobrevivió al mayor revés sufrido por la izquierda en toda su historia, convirtiéndose a la vez que en museo político en tiempo real y en la  evidencia de que otra opción era posible. 

Por una extraña cábala que nadie podía prever ni  promover, la crisis del socialismo real fue seguida por una muy intensa del capitalismo que no se derrumba porque no es un régimen político sino una etapa del  proceso civilizatorio, pero que creó condiciones para un renacer de lo que poco antes se creyó haber aplastado para siempre.

Karl Marx reverdeció por el peso de sus meritos, no como el icono de una religión Estado que nunca debió ser, sino como el científico que fue. No ocurrió lo mismo con la lectura dogmatica que condujo a la sociología y la economía política soviética, al sistema político diseñado a partir de aquellos preceptos y toda la estructura ideológica y política de matriz estalinista que son parte de una página vuelta.

Como parte de una extraña coyuntura histórica, en América Latina, el  fin del socialismo real, coincidió con el fiasco del neoliberalismo y la crisis capitalista, que se conectaron con procesos políticos aunque diversos convergentes: ecos de las batallas independentistas, luchas anti oligárquicas, la presencia del liberalismo y del nacionalismo desarrollista que confluyeron con la Revolución cubana que lanzó una versión del socialismo compatible con la tradición latinoamericana y no emparentada ni comprometida con el dogmatismo y el estalinismo.

Como parte de aquellos procesos, de la simbiosis del nacionalismo, el marxismo al estilo de Fidel Castro y los movimientos sociales, se formó una nueva izquierda que aprovechó el retorno de la democracia para realizar los objetivos de las luchas populares.

El debut de una izquierda política de perfiles sociales, formatos no partidistas y que es apta para aprovechar la institucionalidad liberal vigente y es ajena a compromisos doctrinarios, ha creado un escenario que le permite acceder al poder, ejercer el liderazgo de las luchas populares y vivir una práctica política de gran plasticidad que auspicia la inclusión en la misma plataforma de empeños socialistas de diferentes colores políticos. Se trata de una sorprendente novedad política que ha dejado perplejos a tirios y troyanos  

En esos empeños además de un papel inspirador y de la ayuda material que con perfiles estatales y bajo diferentes formatos se presta en terrenos como la salud, la educación, el deporte y otros, hay amplios espacios políticos para la militancia cubana, el más maduro, experimentado, consecuente y poderoso destacamento de la izquierda latinoamericana, que en la medida que avanza en la actualización de sus modelos económicos y políticos, pudiera aportar sus vastos conocimientos de la teoría y la práctica revolucionaria.

No obstante, no en todas partes se asumen del mismo modo la nueva identidad de la izquierda. Hay quienes se aferran a dogmas insólitos, asumen preceptos que eran discutibles 100 años atrás, defienden enfoques que la práctica ha relegado y creen que renovar el marxismo es revisarlo y que las revisiones dañan la pureza de la doctrina. A su manera son guardianes de la fe cuyas buenas intenciones no validan sus posiciones. Los cambios, ha enfatizado el presidente Raúl Castro, comienzan por las mentes. Allá nos vemos.

 

                                                                                        

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