“Calles de oro”, le califican algunos medios y personas también, a zonas exclusivas en esta nación. Desde la Quinta Avenida de Manhattan, en New York, donde un espacio alquilado para un negocio, en cualquier edificio comercial o de oficinas, cuesta una verdadera fortuna, pasando por Melo Park, en California, donde para tener un buen espacio para hacer negocios ha de pagarse $ 118 en pie cuadrado de local. En Royal Palm Way, en West Palm Beach, que ocupa uno de los primeros lugares en rentas en Florida, con casi $ 60 el pie cuadrado de espacio, seguido por Las Olas Boulevard, en Fort Lauderdale con un precio de $ 39. También Miami, que está en uno de los primeros lugares en el Estado y la nación, entrando en la lista de las primeras 40 localidades más caras de Estados Unidos, donde para ocupar un local en Brickell Ave, en la zona más exclusiva de la Ciudad, debe pagarse casi $ 40 por pie de espacio.
Estas notas de exclusividades de nuestra área, que se encuentra también entre los tres primeros lugares en pobreza – bajos sueldos y alto costo de la vida – son un vivo ejemplo de lo que una sociedad de consumo, puede llegar a ser en cuanto se trata de competir para liderar todo lo increíblemente superfluo, en la supra estructura que, dice guiar a los ciudadanos incluyendo la inmensa mayoría de los de a pié. De aquí que tengamos que acostumbrarnos cada vez más a pagar por una consulta de un a hora con un abogado, los más altos precios del mercado, más lo que le cuelga después. Así como tener que abonar $ 10 por pie cuadrado, para un pequeño plano de una casita o una extensión de la misma, a un arquitecto que tiene sus oficinas en Brickell Avenue. En uno solo de estos casos pueden sacar ya, la renta de todo un mes.
Los alquileres en esta zona son hoy, un 15 % más altos que en cualquier otro lugar del Condado Miami Dade. Pero todo esto hace de Miami, poder lucir una fachada de ciudad importante en el mercado de rentas de inmuebles del Estado.
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Al parecer, esta ciudad de Miami, solo tiene dos lugares públicos, de esparcimiento, Bay Side y Coconutgrove, para pasear de noche, nada más. Claro que todo esto dependerá del bolsillo de cada visitante, pues los precios de ese placer, desde aparcar un auto y de comer o merendar, son a veces inalcanzables, hay que regresar a casa con los estómagos vacios, o llenarlos antes de salir. El resto de la ciudad es algo así como un “pueblo fantasma”, empezando por la que fuera la arteria y barriada más alegre y movida de todos los tiempos: La Calle Flagler en el Downtown.
Muchos que hoy peinan canas o falta de cabellos, podrán recordar, aquella ciudad de los años cincuenta y sesenta, llenas de movimiento, con seis cines, muy baratos, abiertos desde el medio día hasta la media noche (hoy hay solo uno que sirve para algunas presentaciones exclusivas y muy caras por cierto), todas las tiendas y cafeterías abiertas todo el día y noche, comidas baratas, al alcance de los ingresos de esos tiempos. En fin un área publica que atraía tanto, a los vecinos visitantes que iban caminando, incluyendo niños, jóvenes, padres y abuelos, atravesando el viejo puente de madera, con pelicanos descansando en sus barandas, con las pequeñas embarcaciones en movimiento en el río, a disfrutar de noches de esparcimiento, que hoy no pueden hacer y recuerdan con nostalgia, que han sido cambiadas por las novelas y películas de la televisión, enclaustrándolos en casa pues no es muy acogedor salir a pasear, como antes. El paseo tradicional, de las familias es un derecho social también, que hoy no tenemos, a fácil alcance. La delincuencia que hace más de medio siglo era casi imperceptible, hoy es dueña de las noches.
Aquella zona del Parque de las Palomas (Bayfront Park), donde aparcaban las lanchas con sus comidas del mar, frescas, recién pescadas, que se podían adquirir, a módicos precios, al momento, para llevarlos a sus hogares, como un manjar regular, como debe suceder en cualquier zona costera, que hoy lo sigue siendo, pero solo geográficamente y a precios de lujo. También se disponía de un Auditorio al aire libre, donde se daban bailes y espectáculos gratuitos.
Pues bien, al parecer a algunos desarrolladores y altos ejecutivos inversionistas, se les ha ocurrido la “brillante” idea de reconstruir Flagler, con amplias aceras, adaptándola a los cambios demográficos, que han sucedido y haciéndola volver, en parte, a su añorado pasado.
Cuando se habla de Flagler, por su puesto que se trata de esa importante calle y sus alrededores, no solo esa arteria. La arquitectura local se ha mantenido y se pretende restaurarla, pese a los años, es una arteria muy cómoda para ser trabajada y remodelada en horas de la noche, para no impedir que sus comercios se afecten. De todas formas, ahora, el área solo abre hasta las cinco dela tarde todos los días. Estas son algunas de las ideas propuestas. Algo de un buen detalle es que solo el reacondicionar aceras, para un creciente futuro público, costaría unos $ 30 millones. Entre las otras cosas pensadas, se encuentran muebles en las aceras, otro alumbrado y luces altas y con estilos nuevos, áreas verdes, parques modernos, plazas y lugares abiertos, dispuestos para eventos y festivales y hasta un sistema parecido a los tranvías de antes, que llevaría a las personas a otras zonas del centro.
¿Será cierto que todo lo bueno del pasado, podrá volver? Bueno, ojalá nuestros nietos y bisnietos, quizás lo puedan disfrutar.
Les habló Desde Miami, Roberto Solís.


