ESTAMPAS CUBANAS
Por: Ciro Bianchi
            22 de julio  de 2010

                                                               Curiosidades habaneras

            Si oye hablar de arcos de triunfo en La Habana, dé la afirmación por cierta. Los hubo desde la Colonia hasta 1952, cuando, en ocasión del cincuentenario de la instauración de la República, se erigió uno en el Paseo del Prado, entre el Parque Central y el hotel Telégrafo.

            Ese es el último del que se tiene testimonio gráfico. Del otro lado del Parque Central, en la pequeña plazoleta situada entre la Manzana de Gómez y la que ocupó después del Centro Asturiano (actual Museo Nacional) hubo otro en 1909, dedicado a José Miguel Gómez que accedía a la presidencia del país.

            Para saludar la llegada al poder de Estrada Palma, nuestro primer presidente,  hubo sendos arcos de triunfo en el Barrio Chino y en la calle O’Reilly, frente a la estación de trenes de Villanueva y en otros lugares de la ciudad que ya no son posibles de  identificar en las fotos. Con uno de ellos se rindió homenaje al dictador Gerardo Machado, en Cienfuegos cuando acudió a esa ciudad  y se le execró con otro tras su caída.  Otros dedicaron a Machado en Santa Clara, su ciudad natal. Entre los que se recuerdan, resultan muy curiosos los que se emplazaron en la Carretera Central.  Entre ellos, uno, en el límite entre La Habana y Matanzas, para desear buen viaje a los que transitaban la vía. Hubo también otro consagrado al sanguinario Valeriano Weyler, en Monte y Águila…

            Los arcos de triunfo son un invento griego que los romanos expandieron por el mundo. Cayeron en desuso en la Edad Media y Napoleón los retomó bajo su reinado. Se erigían para saludar a una persona o celebrar determinados acontecimientos y tenían un carácter efímero.  La primera constancia gráfica que se tiene de uno de ellos en la Isla data de 1878, en Santiago de Cuba. Se dedicó al capitán general Arsenio Martínez Campos que había conseguido la paz del Zanjón.

Se le llama parque Villalón y no es el parque Villalón…Se le llama comúnmente el parque Villalón, y se le ha denominado asimismo parque de Neptuno y de La Fuente,  pero el espacio enmarcado entre las calles C y D, Quinta y Calzada, en el Vedado,  se llama en verdad parque Gonzalo de Quesada.

            A comienzos de siglo se pensó construir allí un mercado de productos agropecuarios. A esa iniciativa se opuso el ingeniero José Ramón Villalón Sánchez, teniente coronel del Ejército Libertador,  que tenía una casa de veraneo en la calle Quinta, frente a lo que debía ser el mercado. Sería él quien lanzaría la idea de construir el parque. Siendo secretario de Obras Pública del presidente García Menocal solicitó  que le elaboraran un diseño para acometerlo, consiguió el presupuesto necesario  y pidió  que cada uno de los vecinos donara un  árbol para resembrarlo en el lugar.

            La solicitud fue bien acogida en la comunidad y cuando la obra estuvo terminada, Villalón hizo traer la estatua de Neptuno que Tacón había donado a La Habana muchísimos años atrás  y que dormía el sueño del olvido en los sótanos de un antiguo convento. Colocaron la estatua en una fuente. Gonzalo de Quesada murió en 1915. Fue entonces que de manera oficial se dio al parque el nombre del cercano colaborador de José Martí. Tres años más tarde, el propio Villalón asumía la construcción del monumento que allí se erigió al patriota.

Si oye decir que hubo en La Habana una terminal de helicópteros, no lo ponga en duda tampoco…  A mediados de los años 50, en una burda maniobra especulativa, se demolió el viejo convento de Santo Domingo, de enorme valor histórico, para construir un edificio de oficinas donde también funcionaría la terminal de helicópteros de La Habana. Las protestas de Emilio Roig, entonces historiador de la ciudad,  y de otros intelectuales e instituciones de la época, no lograron impedir aquella arbitrariedad. En ese sitio, toda la manzana que enmarcan las calles de Obispo y O’Reilly, San Ignacio y Mercaderes, mantuvo abiertas sus puertas la Universidad de La Habana desde su fundación, en 1728, hasta su traslado a la loma de Aróstegui, su emplazamiento actual, a comienzos del siglo XX.

            Otras entidades ya le habían echado el ojo a aquella manzana. El Banco Nacional quiso edificar su sede en ese terreno y con ese fin lo adquirió en 1951 por 323 956 pesos. Lo traspasó a Terminal de Helicópteros S. A. que acometería un edificio con todas las de la ley, con una inversión de más de dos millones de pesos,  pero que desentonaba en su contexto.

            La terminal, hasta donde sé, no funcionó. El edificio mismo estaba inconcluso al triunfar de la Revolución y el presidente de la sociedad, Vladimir M. Kresin, murió el 18 de enero del propio año de 1959. El Gobierno Revolucionario destinó el inmueble a Ministerio de Hacienda y luego se instaló allí el Ministerio de Educación hasta que la Oficina del Historiador de la Ciudad logró recuperarlo.

            Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross

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