Volviendo unas décadas atrás, aquí en Miami, y también en Cuba, nos vamos a etapas de la vida en que los jóvenes adolescentes, que empezaban a germinar en ellos las semillas de las inquietudes sociales y políticas, y que otros con mayores edades, habilidades e inteligencia, como es natural, emprendían la carrera de captación de esos nuevos prospectos para posteriores luchas sociales en el país, y así surgieron como consecuencia de la lucha por la vida, nuevos elementos de juventudes, sobre todo de estudiantes, que se insertarían en las actividades.
Pero ahora recordando más detalles, que no solo se dirigían los derroteros a aventuras o realidades revolucionarias de la época, otras costumbres sobre salían de entre esta sociedad joven, que por su idiosincrasia y siguiendo patrones de otras conductas aprovechados por la industria mediática, les envolvía en sus redes.
Ayer hablábamos como se guían a las nuevas generaciones de niños y jóvenes a hacerse sentir superiores a los compañeritos y a los estudiantes de otras naciones. Precisamente así lo hacía, cuando un amigo regresó de un mercadito de esos de ventas de “ un dólar” y me cuenta que el dueño del pequeño negocio, se le quejaba de haberse ya gastado cerca de mil dólares en cosas nuevas para el colegio de sus pequeñas jijas, hasta que solo le faltaba un teléfono celular que le costará más de unos $ 350 y un “lap top”, para la otra hija, de unos mil dólares. Todo esto encima del millar ya gastado en ropa zapatos y cosas de la escuela, todo para que sus niñitas se sientan a la altura de sus compañeritas, ya que solo llevan aquí cuatro años, desde que llegaron de Cuba y allá nunca pudieron tener esas cosas.
Recuerdo que en mis épocas no se era ni tan exigentes, ni tan tontos, ni como estudiantes hijos, ni como padres tampoco.
Ayer pasaba por la Avenida 102 del Sur Oeste, a la altura cerca de la calle 40, Bird Road, senda sur, cuando de pronto vi algo de las décadas de los cincuenta, en estos lares. Una joven sentada leyendo un libro, sobre la yerba, en una silla, con una mesita en frente, bajo un árbol, a la sombre, donde se ofrecía, a precios módicos, “limonada y café”, había vasos limpios y dos jarras con las bebidas, y hasta servilletas.
La muchacha no parecía tener más que la edad de una estudiante de secundaria, que por lo visto se buscaba la forma, entre estudios en la escuela y tareas escolares en su hogar, de hacer un tiempo para lograr algún dinerito, quizás para ayudar a su familia o para sí misma, no importa el fin, el caso es que es una estudiante que no está jugando frente a su computadora o en el teléfono o equipo electrónico, si no que aprovecha la lectura para hacer algo útil y además ayuda a su economía. Me parecía esa escena extraída, para hacerla presente, de cualquier barrio de Miami, en cualquier época pasada, que algunos derrotistas siguen diciendo que fueron peores.
Pase por esa calle, y verá como se traslada mentalmente a cincuenta años detrás y por cierto con gran nostalgia, recordando cuando en los sábados nos buscábamos unos dólares, deambulando por lugares como por ejemplo Coral Gables, para ofrecer lavar y darle cera a los autos por poco dinero y así echábamos la tarde debajo de cualquier árbol para tener con que ir a disfrutar de la playa o un paseo el siguiente domingo, entre unos amigos.
La vida cambia para bien o para mal. Pero los recuerdos son los mismos.
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Mentir produce un malestar en quien lo hace, que no se puede explicar. Eso da como resultado que los interlocutores, empiecen a dudar o no creer en quien miente y además le resta credibilidad al mentiroso. Llega el momento que nadie le cree, aunque diga la verdad más grande le mundo en alguna ocasión.
Así parece haberle sucedido a la victima de acosos o de abuso sexual, una mujer que trabajaba como camarera en un hotel donde se hospedaba el Director del FMI, Dominique Strauss-Kahan, que a su vez aspiraba a la presidencia de una de las potencias económicas y militares más importantes del mundo occidental, Francia, lléndose todo abajo cuando la acusación que la mucama presentó contra él, en una corte de New York., se hizo pública. Largos meses han pasado, muchas investigaciones privadas y públicas se han realizado. Bien pagadas y otras no tanto, pero el final llegó ayer cuando, se descartan las acusaciones de la fiscalía contra Strauss-Kahan, debido a la poca credibilidad de la mujer en cuestión, por un supuesto y dudoso pasado moral.
Amigos, lo que hace el dinero, y mucho por cierto. Este multimillonario, además de haber perdido una batalla, aun no ha perdido la guerra. Recordemos personajes de nuestra cercana América, donde por ejemplo, en Nicaragua, pese a que su presidente actual es un revolucionarios socialista, se le permite aspirar legalmente al escaño presidencial, a un delincuente que cumplió sentencia por ladrón y otras cosas y ahora renace entre sus cenizas, con su bocaza llena de una sonrisa mentirosa y oportunista y lo asombros es que tiene miles de seguidores que olvidaron ya quien fue antes, este sujeto. Así que no nos asombremos de quien llega al tribunal con siete limonsines, llenos de secuaces, mete miedos, regresa inocente de polvo y paja en su batalla contra una humilde sirvienta en New York. El poder del dinero es infinito , ¿Verdad amigos?
Les habló, Desde Miami, Roberto Solís.


