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| 26 de agosto de 2011 | |||||||
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Suena de nuevo el reloj de la Quinta Avenida Ha vuelto a sonar el reloj de la Quinta Avenida. Entre 1921 y 1924 se construyó en esa importante arteria capitalina de la barriada de Miramar una torre reloj, diseñada por el arquitecto George H. Duncan. Las cuatro campanas del reloj tienen grabado el nombre de José López Rodríguez, el famoso Pote, y su sonido reproduce las campanadas del famoso Big Ben de Londres. Esta torre, construida con piedras de Jaimanitas, fue declarada como símbolo del municipio Playa en 1993. Pero desde esa fecha o tal vez desde mucho antes, el emblemático artefacto no funcionaba, detenido su mecanismo en una hora improbable. Los vecinos del barrio acostumbrados a escuchar el tañer de sus campanas cada cuarto de hora, terminaron haciéndose a la idea de que nunca más volverían a escucharlas. Unos noventa años de uso habían hecho mella en el mecanismo del reloj y algunas de sus piezas estaban desbaratadas virtualmente por del deterioro y la corrosión, pero lo peor del asunto era que desde su instalación, casi un siglo atrás, el reloj de la Quinta Avenida no recibió nunca una reparación capital. ¿Estaba el reloj de la Quinta Avenida habanera, construido por la compañía de E. Howard, de Boston, definitivamente herido de muerte o podía salvarse? La interrogante se la planteaba a diario el joven Daniel Margolles cada vez que, en las mañanas, pasaba junto a la torre, camino de su trabajo, y por las tardes, cuando regresaba a su casa. Él podría lograr que las cuatro esferas del reloj, ubicadas a cada lado de la torre, volvieran a dar a hora exacta como lo hicieron desde 1924. Para conseguirlo debía Daniel Margolles obviar dos obstáculos que por momento parecieron insuperables. En primer término, aunque contaba a su favor con una experiencia en ese sentido, Margolles no es relojero. El segundo escollo parecía más insalvable aún: conseguir permiso para entrar en la torre del reloj y trasladar a su casa las piezas que desmontaría poco a poco. Con anterioridad, Daniel Margolles había reparado el reloj del Palacio de Balboa, en la calle Egido, sede durante años del Gobierno Provincial de La Habana, y ahora de las oficinas de la Empresa Telefónica Nacional. Pero de ahí a identificarse como relojero va un trecho enorme. Él es simplemente, y así se define, un cacharrero, alguien dotado de la habilidad para desarmar y volver a armar con éxito cualquier mecanismo, por complicado que sea. Ya con todos los permisos en la mano, Margolles comenzó el trabajo el pasado 9 de febrero. Primero, junto con un par de amigos, debió limpiar el interior del edificio que alberga el reloj. Luego desmontarían la maquinaria: el sistema de pesas y sonería, el áncora, los péndulos, los «rubíes». Enseguida separaron el mecanismo, instalado en el piso inferior de la torre, que mueve las manecillas y, gracias a una trasmisión, acciona las campanas de la parte alta. El sistema estaba por tramos tan deteriorado, que Daniel Margolles se vio obligado a fotografiarlo por partes para reconstruirlo de nuevo. Los componentes llenaron la sala de su casa. Tres meses después, con las acacias florecidas y los laureles primorosamente recortados en el Paseo de la Quinta Avenida, se escuchó de nuevo, en los cuarto de hora, la melodía de las campanas del reloj de la torre. Daniel Margolles había sabido honrar su compromiso de volver echarlo a andar. Había logrado darle esa satisfacción a los vecinos de la zona y a los transeúntes ocasionales, pero además quiso ver su gesto como un homenaje al doctor Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, a quien no conoce personalmente, pero a quien admira muchísimo. Ahora Daniel Margolles, de profesión cacharrero, sueña con que se le permita reparar el reloj del Gran Templo Masónico Nacional, un reloj que hace girar la bola del mundo en lo alto del edificio de la esquina de Carlos III y Belascoaín, en La Habana. ¿Lo conseguirá? No lo duda este comentarista. Mientras tanto, cada tercer día, el cacharrero Daniel Margolles sube la escalera de la torre del reloj de la Quinta Avenida de Miramar para dar cuerda a la máquina utilizando el mismo mecanismo que idearon hace 90 años sus fabricantes de la compañía Howard, de Boston. Alguien le preguntó si esa cuerda manual no era más fácil darla de manera automática, con un motor. Daniel Margolles se horrorizó. Claro que sería más fácil, dijo, pero entonces el emblemático reloj de la Quinta Avenida, uno de los símbolos del municipio capitalino de Playa, dejaría de ser la obra de arte que es. Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross. |
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