Entre
las palabras del compañero Raúl en la Asamblea Nacional el
pasado 1ro. de agosto, podemos encontrar un concepto que es una
suerte de cordón umbilical entre lo que piensan la máxima
dirección de la Revolución y la inmensa mayoría del pueblo: "El
mayor obstáculo que enfrentamos en el cumplimiento de los
acuerdos del Sexto Congreso es la barrera sicológica formada por
la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la
indiferencia e insensibilidad...".
Al respecto, añadía Raúl: "Seremos pacientes y a la vez
perseverantes ante las resistencias al cambio, sean estas
conscientes o inconscientes. Advierto que toda resistencia
burocrática al estricto cumplimiento de los acuerdos del
Congreso, respaldados masivamente por el pueblo, será inútil".
Como se diría coloquialmente entre cubanos "la mesa está
servida". El Congreso del Partido aprobó los Lineamientos de la
política económica y Social que regirán en lo adelante el futuro
de la nación. Y en los primeros meses de su implementación,
proceso que para muchos transcurre lento y en extremo cauteloso,
se han identificado (en hechos concretos), las reacciones de la
casta burocrática al desarrollo exitoso de los cambios
necesarios. Los motivos ya han sido comentados en estas mismas
páginas: la incapacidad de algunos para que su mentalidad
evolucione a la par de la vida; el pataleo de otros para no
entregar las parcelas de poder adquiridas a costa de sacrificar,
molestar e irritar al pueblo, y la certeza de que la burocracia
es un modo de vida al que ya no pueden renunciar.
Entre la mayoría de los cubanos existe una certeza
recurrente: rara vez quien crea un problema, un atolladero
burocrático, o un obstáculo absurdo... es el que lo soluciona.
La vida demuestra que al burócrata, por naturaleza, le
extirparon la capacidad de reconocer un error, aceptar la
corrección y asumir el cambio. ¿Dónde está el primer ejemplo de
una empresa ineficiente, de esas que solo "producen" pérdidas,
que haya obrado el milagro de reconstruirse a sí misma bajo el
mando del director que la condujo al caos? Puede que exista la
excepción de la regla, pero lo cierto es que quien ya demostró
su capacidad para echarlo a perder todo, difícilmente pueda
liderar a sus trabajadores hacia un salto superior. Lo correcto
—lo ético— sería apartarse y facilitar el cambio.
Pero el burócrata, ya lo hemos dicho, no es hombre de ceder
terreno. En el caso nuestro, ellos han forjado su estirpe
durante años. Recordemos las peleas de Fidel en la primera
década de la revolución contra todos los demonios de la
burocracia criolla. Y desempolvemos ese magnífico ensayo de
Eduardo Galeano (El tigre azul y otros relatos), que en
el ya lejano 1991 ponderaba la grandeza de esta Isla, pero
advertía de las trampas y emboscadas que nos hacían los
burócratas:
"El acoso económico y la amenaza militar, dramáticamente
reales, sirven, a veces, de coartada. La burocracia usa
explicaciones mágicas para absolverse de responsabilidad y
lavarse las manos. Cualquier duda se hace sospechosa de herejía:
los largos años de bloqueo tienen la culpa de cualquier
ineficiencia. Y en tiempos de guerra, las órdenes de arriba no
se discuten. El lenguaje de consignas sustituye la realidad que
es por la que debe ser. ‘Bajó la orientación’, dice el
burócrata, y así transmite una sentencia divina".
Con seguridad, muchos burócratas aludidos se cuestionaron la
insolencia del uruguayo que les hizo tan fiel radiografía. Pero
Galeano escribió entonces algo que 20 años después estamos
suscribiendo: "La burocracia, enemiga de la esperanza,
desprestigia al socialismo. Su asombrosa capacidad de
ineficiencia y su costumbre de dar órdenes en lugar de
explicaciones, hacen indirecta propaganda al egoísmo como
destino inevitable del hombre. Si por la burocracia fuera, los
estados socialistas serían cada vez más estados y cada vez menos
socialistas".
En Cuba, camino contrario al elegido por otros, el socialismo
tiene planteado un tremendo desafío: más justicia social, sin
que esta sea enemiga de la libertad y de la eficacia. Es un
concepto implícito en los Lineamientos... y es un reto que está
en los problemas y las decisiones del día a día. Veamos un
ejemplo real, tomado de nuestra prensa:
Omelio Borroto, director del Instituto de Ciencia Animal
(ICA), declara al semanario Trabajadores que Cuba necesita
descentralizar la producción de leche para que crezca de los 500
millones de litros anuales a 1 800 millones de litros en que se
calcula el consumo nacional. Y añade: "Hay que lograr ese
crecimiento con voluntad, organización, la aplicación de la
ciencia, recursos humanos y financieros (...), además es
fundamental descentralizar a los productores y a las empresas".
Pero hay algo más importante todavía: "Esa descentralización es
necesaria para que con sus ingresos (los productores) puedan
invertir en función de sus necesidades. Ese es el socialismo que
necesitamos".
Es obvio que en la reflexión del científico hay dos temas
medulares: uno, la necesidad ineludible de triplicar la actual
producción de leche (reducir importaciones, ser más eficientes y
crear riquezas); y dos, el mensaje a los que deciden detrás de
un buró, para que entiendan la necesidad de descentralizar a los
productores y a las empresas, para que sean verdaderamente
dueños de sus medios de producción y decidan dónde invertir
mejor sus ganancias. El científico también ha enviado un mensaje
claro e irrebatible a los burócratas: "Ese es el socialismo que
necesitamos"... Vamos a contar desde hoy cuánto demoran en hacer
realidad algo que seguramente está sustentado en un riguroso
estudio.
Y mientras unos hacen resistencia al cambio y otros sortean
los obstáculos para seguir adelante, el país va encontrando
caminos propios para salir del atolladero burocrático. Pensamos
como Galeano que será más temprano que tarde, "porque la
burocracia se reproduce repitiéndose, pero las revoluciones,
cuando son verdaderas, se multiplican transformándose".