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31 de agosto de 2011
COMENTANDO LA NOTICIA |
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Entre las cosas que el canta autor cubano, Pablo Milanés, dijo en sus entrevistas aquí en Miami, algunas estuvieron razonables, teniendo en cuenta el nivel de limpieza que este popular hombre, de la raza negra, ya entrado en sus años, quien ha vivido una vida con poca austeridad, ya que poseyendo recursos y fortuna, que se ha ganado con su trabajo, muchas veces en el exterior, Pablito ya había aprendido a actuar como la Gatica de María Ramos, tira la piedra y esconde la mano. No es menos cierto que desde hace ya algún largo tiempo, sus expresiones a favor o contra la Revolución Cubana y sus logros o desaciertos, Pablito sabía como penetrar dentro de la fanaticada y en otras personas no tanto. Pero supo y aun lo sabe hacer muy bien, involucrar a los asistentes a sus espectáculos, cuando oyen y sienten las canciones hechas sonido, en su profunda voz. Logra casi hipnotizar a su audiencia, que le sigue fielmente cada uno de sus movimientos y vocablos en cualquiera de sus populares obras. El tipo por lo tanto, llegó a Miami. Con esa primera misión, endulzando a la gente con declaraciones que algunos con poder mediático, querían oír y después continuaba la trayectoria artística con una actuación tipo un payazo, pero de optima calidad artística. Donde todos los asistentes quedaban tendidos a sus pies. Yo no quiero caer en lo que ya otra persona hizo digerir a gran parte de la una audiencia de medios alternativos, con que Pablito, fue capaz en sus periplos, de desarrollar una estratagema algo mágica, para lograr que la atención, que antes se prestaba a productos de la Revolución Cubana, cada vez que fuera posible, se pudieran convertir en absolutas (también obsoletas) captaciones para el bando opuesto. En ocasiones se señalaron hasta nombres y mujeres, luminarias de las tablas y las escenas, que de una u otra forma se fueron fuera del camino de mostrar permanente apoyo a la Revolución Cubana, y que hoy se han convertido , sino en agudos críticos, al menos en improvisadores de cuarta, sobre canciones protestas, como medio de pelea pacifica contra Cuba. Pablo, anunció su llegada, y corrió la sangre simbólica a raudales, con sus lágrimas extensas, pero también una ola de expectativas de sus siempre fieles, que viven de este lado del mar. Después ya cerca de la fecha del espectáculo, se permita que, en represalia, se vandalicen anuncios, bastante caros, que se encontraban muchos en Miami, hasta en omnibuses y paradas públicas incluyendo grandes vallas en las carreteras. Después suceden unas pequeñas entrevistas y declaracioncitas de Pablo, donde empieza el rosario para el cual se ha dedicado y entrenado por los suyos, para lograr probar a la gente, como metiendo el dedo en la mermelada y probarla a ver si sabe bien. Finalmente, nunca se convocó a los grupos de personas que tienen fama de tolerantes y alternativos, que pudieron haberle servido de tropa de choque contra la innominosa manara de atacar al concierto que se daría en pleno Miami, teatro de todo lo terrible que pudiera brindársele a Pablo y su grupo como bienvenida. El llamado al apoyo nunca se hizo y la gente, con mucha experiencia en acciones de puntería en marchas y manifestaciones, se quedaron en casa. La mayoría decía: ”A mi donde no me llaman no voy…” Fue ahí donde ni corto ni perezoso, surge el “super desamparado”, tipo de los tirantes y la barbita de viejo arrugado, como adalid de todo un ejercito de cavernícolas (fueron 20 en total), y comienzan a romper discos, con mandarrias, pisotones y con una motoniveladora, a la cabeza del espectáculo detestable. Las hordas del la Gestapo Miamense, se lanzan en grupo, de no más de una veintena de mujeres y hombres, anti cubanos, para agredir la cultura, asesinar los buenos modales, torturar la vista de los medios de la televisión, en fin retratar ese y otros hechos, como parte la historia de un exilio salvaje, que nos gastamos por acá, en esta orilla. El mansaje se lo lleva Pablito y su gente, hacia su patria. Seguro que con un gran honor en el bolsillo. Mucha gente de pueblo, sobre todo los que decidieron venir, desde Cuba, arrastrando a sus familias consigo, desde la generación de los ochenta y los de los noventa, hasta los grupos esporádicos que llegan con mayor o menor perioricidad, por avión, mar o tierra, hasta la soleadas aceras y arenas de Miami, compartiendo “el amargo pan del exilio”, pero como emigrantes y sin otro apelativo. Estas últimas generaciones de cubanos emigrados, que, al contrario de los más viejos llegados década antes, que ya nada les ata a Cuba que no sean sus bellezas naturales y esto no los mueve a viajar y compartir con los más de 11 millones que si que se quedan en aquella orilla. Estas cercanas oleadas de cubanos, sí tienen mucha familia que arrastrar consigo, hoy o mañana, pero la tiene y muy larga por cierto, son los que traen frescos aun las melodías que canta Pablito, y saben interpretar a coro estas, como también saben perdonar pero exigiendo que se corrijan los errores que cometió al hablar. Muchos no conciben a ese Pablo Milanés, arrogante y reciclado y agarrándose de la tablita para no hundirse como les pasó a muchos otros. UN amigo me contaba que al asistir al concierto, alguien de los protestantes se le acercó y le preguntó, “¿Qué vas a hacer allí?”, a lo que el amigo le respondió: ”Voy a ver si es verdad que es Pablito Milanés, o un doble el que está ahí dentro, pues yo lo dudo ya que no concibo a un tipo como él, que diga las cosas que dijo o de a entender que ya no admira a Fidel…Me parece demasiado falso para creerlo.” Les habló, Desde Miami, Roberto Solís.
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