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Por: Lorenzo Gonzalo

Venezuela rompe relaciones con Colombia

 

Después de terminada la contienda electoral colombiana, el nuevo Presidente electo Juan Manuel Santos, expresó  brevemente su agenda de trabajo. Entre los diferentes aspectos abordó las relaciones internacionales. De todos es conocido que Álvaro Uribe fue poco habilidoso par lidiar, tanto con los países vecinos como con Europa y se remitió casi exclusivamente a seguir los pedidos de Washington. Santos planteo en sus primeras palabras que insertaría a Colombia en el ámbito internacional y durante los días previos a la toma de posición ha estado viajando a diferentes países, excepto Estados Unidos y Brasil. El primero se entiende porque en su discurso planteó que las relaciones con este país no serían de discípulo a maestro, sino cordiales y de mutuo interés. En cuanto a Brasil se puede interpretar como la manera de no darle un espaldarazo a una nación que tiene excelentes lazos con Venezuela y que a su vez, aspira a un liderazgo latinoamericano e internacional. Un distanciamiento prudente de Brasil es aconsejable en unas circunstancias donde las relaciones de Colombia con Venezuela son tensas y no han hallado un resquicio por donde dejar escapar las tensiones producidas en los últimos años. Evadir a Brasil en una gira rutinaria pos electoral es una manera indirecta de desconocerle su indiscutido liderazgo, en espera quizás de que se recomponga el tablero diplomático latinoamericano después que se produzcan las elecciones presidenciales pendientes en Perú, Venezuela y el propio Brasil.

 

El aspecto más confuso del panorama pos electoral colombiano es la maniobra del Presidente saliente Álvaro Uribe, denunciando la presencia de guerrilleros en suelo venezolano.

 

La contención de la guerrilla fue el único logro de su gobierno y la única medalla que Uribe puede mostrar. Sin dudas que ese logro jugó un papel en la elección de Santos porque representó un beneficio relativo para personas que a penas podían moverse en sus respectivas regiones y poblados. Las personas de la capital que habían estado aisladas durante años, de aquellos familiares que viven en zonas de alta condensación de narcotraficantes, guerrillas, militares y paramilitares, tuvieron un respiro que los capitalinos de las grandes ciudades valoraron y por supuesto, los residentes de las zonas en conflicto. Excepto éste logro pírrico, Uribe llevó el país a un gran desempleo, una disminución de su comercio y a un aumento de la pobreza. Esto último son los retos que Santos debe enfrentar durante su mandato, además de la acusaciones a dirigentes de su partido y a él mismo por asesinatos relacionados con los “falsos positivos” (miles de campesinos asesinados por el ejército para cobrar compensación por los supuestos guerrilleros muertos en supuestas batallas). También están pendientes las investigaciones por los asesinatos sin juicio y bajo tortura, de los asaltantes del Congreso.

 

La maniobra de Uribe acusando a Venezuela de amparar guerrilleros colombianos, llevando incluso el caso ante la OEA, sólo puede interpretarse como un sabotaje a la política de buena vecindad anunciada por Santos durante su discurso de apertura.

 

La acusación se produce precisamente en el instante en que los ministros de relaciones exteriores de ambos países se aprestaban a discutir los mutuos diferendos, con el evidente propósito de favorecerle un feliz comienzo al nuevo Presidente.

 

El Presidente Chávez, cuyo estilo generalmente excede las expectativas diplomáticas y padece de una informalidad disonante con los procedimientos de una mayoría de vecinos solidarios y contemporizadores, incluyendo a los miembros del ALBA, procedió a romper relaciones con Colombia casi de inmediato.

 

Muchos analistas han interpretado la ruptura como una cortina de humo para encubrir la veracidad de la acusación de Uribe. Otros han expresado que las razones subyacen en el comentario del ministro de relaciones exteriores de Colombia en la reunión de la OEA donde plateó como posible solución una inspección al territorio venezolano, ante lo cual Chávez optó por el rompimiento.

 

En la realidad esto último no tiene sentido toda vez que los embajadores de la OEA no se pronunciaron al respecto y ni siquiera Colombia presentó formalmente la solicitud de que semejante inspección se hiciera. La primera conclusión mencionada recuerda un procedimiento muy manido, más bien típico del culpable que apela con una respuesta contundente para desviar la atención hacia el acusador. No creo que ese sea el estilo de Chávez.

 

A las observaciones anteriores debemos añadir la relación de Venezuela con Cuba, país que siempre ha favorecido las gestiones del gobierno colombiano en su afán de desmovilizar a la guerrilla. El mismo Fidel ha manifestado por escrito e incluso en una oportunidad le expresó a uno de los dirigentes del ELN, frente al entonces embajador colombiano Julio Londoño, que el tiempo de las guerrillas había terminado. O sea, el escenario de romper relaciones por apoyar una guerrilla que, tanto Cuba como Venezuela no le reconocen su razón de ser y el diferendo con un gobierno saliente que las contuvo, apelando continuamente a métodos reprobables internacionalmente, no tiene sentido en un momento que el nuevo Presidente electo, anuncia planes de distensión y unas relaciones con Estados Unidos de respeto y no de pupilaje. Esto último es importante porque Venezuela es objeto de agresiones indirectas por parte de Washington y está siempre bajo el ataque verbal del Ejecutivo estadounidense. Los socios incondicionales de Washington se convierten de facto, en vecinos dudosos.


Esto no  significa que las relaciones de Santos con Washington serán tirantes pero como representante genuino de la oligarquía colombiana será menos complaciente.

 

Cuba ha declarado que está dispuesta a ayudar a Venezuela y prestarle apoyo militar si fuese necesario. Es obvio que no podía esperarse una declaración diferente, de un aliado que le ha planteado a Venezuela que ambos deben trabajar para integrar sus economías, hasta llegar eventualmente a una integración política, pero sin dudas se trata de declaraciones que, de hacerse efectivas, pondrían gravemente en peligro la soberanía de Cuba. Para todos es sabido que Estados Unidos no consentiría que un simple fusil se transporte de Cuba a Venezuela con propósitos de ayudar a éste país ante una conflagración con un vecino como Colombia.

 

Conociendo la ponderación y capacidad de maniobra cubana para conducir los conflicto con Estados Unidos, donde al tiempo que sale airosa a los ojos del mundo, logra privar al Norte de justificaciones que le den pie para una invasión, debemos suponer que la problemática actual Colombia – Venezuela, está dirigida contra Uribe y bien podría ser una manera de cercenarle totalmente el piso a la política agresiva de su gobierno, que en ocasiones fue favorecida por respuestas poco calibradas de su par venezolano.

 

El silencio de Santos ante el conflicto ayuda a confirmar semejante conclusión, quien debe limpiar la imagen internacional de Colombia y calmar los ánimos de un vecino que practica una diplomacia poco convencional. He querido ser reiterativo en el estilo diplomático venezolano porque la verdad del país puede ser presentada en una mejor envoltura y a Chávez no le faltan condiciones ni carisma para hacerlo.

 

Ante el inminente comienzo de un nuevo gobierno en Colombia, la reacción aparentemente emocional venezolana, sólo se entiende como respuesta al error de Uribe de procurar una confrontación injustificada. Con dicha respuesta y el silencio de Santos, sólo desluce la diabólica voluntad de Uribe para imponer su errada política internacional, más allá de su mando.

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