ESTAMPAS CUBANAS
Por: Ciro Bianchi
      3 de marzo de 2010                     

                                               Una ayuda olvidada

Cuba tuvo importancia decisiva en la independencia de las Trece Colonias norteamericanas. George Washington pudo enfrentar y vencer a los ingleses en Yorktown, en la costa de Virginia, gracias al dinero que recibió desde la Isla y al concurso que le prestaron tropas habaneras y haitianas. Es una ayuda de la que apenas se habla. En dicho sitio no hay siquiera una tarja que la recuerde y nada se dice acerca de ella en una voluminosa Reseña de la historia de los Estados Unidos preparada por el Departamento de Estado de Washington y que obsequian con largueza embajadas y consulados norteamericanos en el mundo. Gracias al esfuerzo de los cubanos, Inglaterra fue desplazada, al mismo tiempo, de muchos  los enclaves determinantes que hasta entonces ocupó en el Caribe, con que quedó lavada la afrenta de 1762 cuando tropas británicas se apoderaron de La Habana.  Fue  la primera vez que los naturales de Cuba salieron de su tierra para pelear por la independencia de otro país.

            Hacia 1760 las mieles cubanas encontraban en Rhode Island 30 destilerías que producían, solo para exportar a África, 1 400 bocoyes del ya famoso ron antillano. Cuando más florecía ese comercio Inglaterra prohibió a sus colonias que importaran mieles de las Antillas. De inmediato se inició el conflicto entre los productores norteamericanos de ron y el gobierno de Londres

En 1776 los norteamericanos proclamaron su separación de la Gran Bretaña e iniciaron relaciones con autoridades españolas en Cuba. El rey español Carlos III los vio con simpatía y se dispuso a ayudarlos en secreto. Armas y municiones se despachaban desde España para La Habana; salían de aquí con destino a Nueva Orleáns y de manera clandestina llegaban  a manos de los insurgentes. Cuando en 1779 España le declaró la guerra a Londres, La Habana se convirtió en fuente de abastecimiento  de los independentistas norteamericanos.  

El 27 de agosto, dos meses después de la declaración de guerra, el general español Bernardo Gálvez avanza sobre la Florida. Va al frente de un ejército que conforman criollos de Cuba y suma victoria tras victoria.  Refuerzan sus tropas elementos del Regimiento de Fijos y de los batallones de Pardos y Morenos de La Habana y con el respaldo de esas nuevas fuerzas ataca y toma Mobila, el 12 de febrero de 1780. Un año más tarde, Gálvez pone sitio a Pensacola y de nuevo acuden en su ayuda tropas habaneras. Las manda esa vez un natural de la Isla, el general Juan Manuel Cajigal, que es el primero en entrar a esa ciudad. Aseguran Cajigal y Gálvez el cauce del río Mississippi, con lo que garantizan el  abastecimiento a los rebeldes y arruinan los planes ingleses de cercar por el oeste a los ejércitos independentistas. Otros aspectos estratégicos tenían las victorias alcanzadas: lograron alimentar el enfrentamiento de las tribus indias contra los ingleses; se les desvertebró la ruta del canal de las Bahamas; desaparecieron sus posiciones en la costa antillana de Norteamérica y del Golfo de México y, al obligarles a emplear importantes fuerzas en estos enfrentamientos, se logró disminuir la capacidad operacional de sus fuerzas.  Por méritos de guerra, Cajigal resultó premiado con la Capitanía General de Cuba, en 1781. Es el primer cubano en ocupar tan alto cargo. Organizó una expedición contra las Bahamas y, sin dificultad, se apoderó de esas islas. A su lado estaba el venezolano Francisco de Miranda, el precursor de la Independencia hispanoamericana. Era entonces teniente coronel del Ejército español y se desempañaba como ayudante de campo del Capitán General.

Como militar, Miranda se destaca en el sitio de Pensacola, pero es también un hábil negociador y diplomático que actúa en los convenios que incorporan las islas Bahamas a la Corona española. Más que eso: es el artífice de la recaudación del dinero que George Washington necesitaba para proseguir las hostilidades contra los ingleses.

Solo en Cuba era posible allegar ese dinero. Enterado del asunto, Cajigal envió a Miranda a entrevistarse con Washington para conocer la situación y ultimar los detalles que harían posible la ayuda. De regreso,  el venezolano se dedicó a reunir los recursos que hacían falta. Se sacaron algunas partidas  del Tesoro de la Isla y se inició una recaudación pública en la cual las damas de La Habana y Matanzas  entregaron parte de sus joyas para contribuir a la causa independentista norteamericana. En total se reunió la cifra de un millón ochocientos mil pesos de ocho reales. Esa suma le fue entregada en La Habana al joven oficial francés Claudio Enrique de Sain-Simon –el posterior célebre escritor y socialista utópico… Pagadas las tropas francesas que lo ayudaban,  cubierto los gastos y con el refuerzo de tropas habaneras y haitianas, inició Washington el avance contra las fuerzas del general británico Cornwallis en la región virginiana de Yorktown. Después de varios días de combate los británicos se rindieron. No fue el final de la guerra, pero aquella victoria decisiva, lograda con ayuda cubana,  dejó expedito el camino de la independencia.

Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.

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