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| 30 de agosto de 2010 | |||||||
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Las ferias electorales Miami.- Tradicionalmente en Estados Unidos las campañas electorales entre partidos comenzaban el primer lunes de septiembre, celebrado en este país, como Labor Day, el Día del Trabajo, el cual también marcaba tradicionalmente el fin de la temporada de vacaciones de verano. En años recientes todo esto ha cambiado. Con respecto a las campañas electorales la revolución en los medios de comunicación –incluyendo la insaciable necesidad para vender noticias de los diferentes medios noticiosos, para así poder mantenerse económicamente viables- y el desmadre del exceso de dinero disponible a los candidatos son los factores principales del fenómeno político de las campañas electorales permanentes, especialmente en relación a las campañas presidenciales. Aunque inclusive, como hemos sido testigos en la Florida y en nuestro condado Miami-Dade este año, las campañas para otros puestos de importancia política como los de las campañas primarias para senador federal, gobernador e inclusive para un escaño en particular en nuestra área a la Cámara de Representantes federal, aunque no permanente, las campañas electorales para esos puestos se remontan a los primeros días del presente año. El dinero que ha sido necesario para mantener vivas estas campañas electorales en nuestro estado este año ha sido colosal. Por ejemplo, Rick Scott, candidato triunfante a la nominación del partido Republicano por la gobernatura del estado gastó cerca de $50 millones de dólares, según se dice, más de $15 millones de éstos de su propia fortuna. A su vez, su contrincante principal, el viejo y desacreditado político conservador, Bill McCollumn, gastó en su vano intento por la lograr esa nominación más de $13 millones de dólares. Los candidatos para la nominación del partido Demócrata para el escaño del senado federal no pudieron gastar esas inmensas sumas de dinero, tuvieron que conformarse en gastar menos. Jeff Greene, candidato perdedor, gastó alrededor de $14 millones de dólares, mientras que su contrincante, Kendrick Meek, sólo pudo darse el lujo de gastar $4 millones. Y toda esta inmensidad de dinero gastado ha sido sólo para lograr las candidaturas de sus respectivos partidos para la elección general. Ahora en los dos meses restantes antes de la elección general del 2 de noviembre ¿cuánto más dinero podrán gastarse los candidatos, tanto los triunfantes como los perdedores? Ya veremos… Y me pregunto: ¿De dónde sale tanto dinero? ¿Quiénes son los que están tan interesados y dan todo este dinero para que sus candidatos triunfen? ¿Y porqué? Seremos todos tan ingenuos en creer –como mantienen todos estos candidatos- que esas escandalosas sumas de dinero, en plena depresión económica, provienen de cientos de miles de personas, gente común, como cualquiera de nosotros, que en estos duros tiempos nos vemos en aprietos para cubrir las necesidades de nuestras familias? Y otra cosita, otro detalle en estas coloridas ferias que son las campañas políticas en este país. Hasta que comenzaron sus respectivas campañas tanto Jeff Greene como Rick Scott, ambos multimillonarios, eran unos desconocidos, al menos en la arena política, ya que en los tribunales de justicia, ambos eran conocidos. En el caso de Greene, no sólo era desconocido en la arena política sino que era un desconocido en nuestro estado ya que a este se mudó hace solamente tres años. Sí era conocido en los tribunales aunque tampoco en los de nuestro estado. Greene está envuelto al menos en un fraude de bienes raíces de grandes proporciones en California que está bajo investigación. En el caso de Rick Scott, candidato triunfante del partido Republicano para la gobernatura de nuestro estado, era CEO, Presidente, de la corporación Columbia/HCA, la mayor cadena de hospitales de la Florida, cuando en años recientes, a ésta le fue impuesta por múltiples violaciones y fraudes la inverosímil multa de $1,700 millones de dólares.
Si se le impuso esa multa imagínense todo lo que robaron.//
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