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4
de agosto de 2011 |
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El Submarino Amarillo Un singular centro recreativo-cultural abrió sus puertas en La Habana hace pocos meses. Se ubica en la calle 17 esquina a 6, en el Vedado, a menos de cien pesos de la estatua de John Lennon que el artista cubano José Villa Soberón emplazó en uno de los bancos del parque que durante muchísimo tiempo llevó el nombre del mayor general Mario García Menocal por el busto de ese militar y político cubano, tercer presidente de la República, que allí se exponía. El centro en cuestión lleva el nombre de El Submarino Amarillo. Por un momento, sus creadores pensaron llamarlo The Beatles, el grupo musical británico que en la década de 1960 revolucionó la música rock y pop, pero dicho nombre les pareció demasiado pretencioso, por lo que se decidieron por uno más modesto, pero igualmente significativo, ese de El Submarino Amarillo, que, tanto en inglés como en español, se reconoce de inmediato como un clásico dentro del repertorio de la banda aludida. A ese criterio se unió el hecho de que El Submarino Amarillo es un canto a la amistad. Así se evidencia en la obra de The Beatles y, a partir de ella, en carteles, comics, cubiertas de discos y hasta en un largometraje animado con ese título, donde aparecen personajes de un mundo fantástico e irreal creado para transmitir mensajes de paz y amor. Hay algo más, pero los promotores del centro no lo tuvieron en cuenta quizás porque lo del patio tiende siempre a olvidarse o pasarse por alto. Cuando la narrativa cubana languidecía en los años 80, un libro de cuentos de José Ramón Fajardo, galardonado con el Premio David para escritores jóvenes, vino a devolverle su vitalidad y fuerza y rescató de pasó la confianza de los cubanos en su literatura. El libro de José Ramón Fajardo se tituló El Submarino Amarillo, y marcó para los jóvenes una nueva manera de escribir; tanta que años más tarde Leonardo Padura, al compilar la nueva narrativa cubana, titulaba a su antología Nosotros, los del Submarino Amarillo. Todos, de una manera o de otra, habían sentido su influjo. Una vez decidido el nombre, los organizadores del centro cultural crearon y recrearon a través del diseño, las luces y la ambientación, un acercamiento a la época de esplendor de The Beatles, al que se sumó otro aspecto importante y es que el Club se encuentra en el sótano de un edificio, lo que puede asociarse sensorialmente con un submarino. Los que conocen La Habana o la recuerdan, saben, sobre todo si hicieron vida nocturna, que en ese sótano de 17 esquina a 6, en el Vedado, estuvo el club Atelier, el primer piano bar, digámoslo de paso, que existió en la capital cubana. Corre el año de 1950. La ex bailarina Silvia Medina de Goudie, propietaria entonces de una casa de modas sita en Línea y A y animadora de un programa de TV, decide crear, de acuerdo con su prima Magali Acosta, una academia de baile que instalan en el sótano de 17 y 6, donde Silvia impartiría ballet clásico, y Magali, bailes españoles, El centro se llamaría Atelier, como una forma de beneficiarse de la fama de Silvia en el mundo de la moda. Progresó la academia de Silvia y Magali, creció el número de sus alumnos y luego de algunas presentaciones en el teatro Rodi, hoy Mella, buscaron y hallaron un local más amplio y acorde con sus propósitos en la esquina de F y 11. Un pianista y cantante rumano avecindado en La Habana alquiló entonces el sótano de 17 y 6 y lo convirtió en un centro nocturno al que, por razones obvias, le mantuvo el nombre de Atelier. Afirma el investigador Mario Álvarez Crespo que Dan Sima, que era el nombre artístico del pianista y cantante rumano, tuvo en el Atelier un éxito arrollador y poco después abría en la zona de la Rampa otro centro nocturno, Habana 1900, un nombre imprescindible en el jazz cubano. Triunfa la Revolución en 1959 y Sima, que había conocido el comunismo en su país, no esperó ver en Cuba la misma película. Dicen que no paró hasta Australia, mientras que el club Atelier, con altas y bajas, seguía haciendo la noche a la medida hasta convertirse en El Submarino Amarillo, un centro recreativo-cultural abierto de martes a domingos, desde las dos de la tarde hasta las dos de la mañana, con una propuesta, en moneda nacional, que contempla el disfrute de canciones y audiovisuales de The Beatles y agrupaciones destacadas en el pop y el rock, y la presentaciones de grupos musicales en vivo con los que los asistentes pueden interactuar. Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.
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