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5 de agosto de 2010 |
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Relaciones Económicas y Cuba En Norteamérica donde la lucha por la independencia de Inglaterra se combinó con la unidad de las 13 Colonias hubo un éxito rotundo; cuarenta años después, al tratar de reeditar la experiencia, Bolívar fracasó. La dependencia de las economías latinoamericanas a las metrópolis coloniales y luego imperiales precedió cuatrocientos años a la actual globalización y es el elemento que mejor caracteriza al subdesarrollo, instalado con particular intensidad en Cuba, una pequeña isla que debutó en la economía internacional como proveedora de azúcar, café y tabaco para Europa y que luego, convertida en factoría, se especializó en abastecer a Estados Unidos. La colonización instaló en Cuba un modelo económico agro exportador, signado por tres maldiciones: dependencia del mercado externo, latifundio y plantaciones. En las Antillas, Cuba y Brasil el engendro se completó con la esclavitud africana y naturalmente implicó dar la espalda al mercado interno y por ende al desarrollo nacional. Las políticas económicos impuestas por la colonia dieron lugar a fenómenos sociales y económicos exclusivos como: la clase criolla (inexistente en Europa y en los Estados Unidos) a la oligarquía formada por: los terratenientes, el clero y los militares (un producto exclusivamente latinoamericano) y un sistema político de democracia cooptada por prácticas corruptas vernáculas, relaciones neocoloniales y dependencia al imperialismo norteamericano. El verdadero desafío de la Revolución Cubana fue el intento por corregir aquellas deformaciones estructurales respecto a lo cual la letra del Programa Revolucionario expuesto por Fidel Castro en su alegato conocido como La Historia Me Absolverá, no deja margen a la duda: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política. Tratándose de empeños de ese calado, la toma del poder político es el punto de partida para, usando el poder del Estado, acometer profundas reformas económicas y sociales. La reforma agraria, el rescate de las riquezas nacionales, el diseño de políticas desarrollistas y de sustitución de importaciones, la reforma educacional, la edificación de un sistema de salud pública, la formación de instituciones de participación popular fueron pasos que, no obstante no ser homologables con la doctrina marxista ni con la experiencia socialista soviética, se invocaron como excusa para demonizar por comunista el proyecto revolucionario. La inesperada y bárbara reacción norteamericana frente a la Revolución Cubana que arrastró a la oligarquía cubana, a la burguesía criolla y a la clase media; así como la elección de la violencia armada, el bloqueo económico, el terrorismo y la invasión como formas de lucha política, provocaron una radicalización del proceso revolucionario y un giro imprevisto que, ligado al respaldo soviético, conllevó a que, exactamente en la víspera de la invasión de bahía de Cochinos, se proclamara el carácter socialista del proceso cubano. El bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos, la ruptura de relaciones con Cuba por todos los países latinoamericanos, excepto México y la hostilidad de los gobiernos de Europa Occidental significaron la exclusión de Cuba del sistema político occidental. En aquella coyuntura, de vida o muerte para el proceso revolucionario, entraron en escena la Unión Soviética, China y el Campo Socialista con los cuales la Revolución estableció una estrecha alianza. Como en otras etapas de la historia de la Nación cubana, elementos económicos externos ejercieron enorme influencia sobre el proceso político nacional. Luego les cuento.
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