REPLICA EN RADIO MIAMI
Foto
Por: Lorenzo Gonzalo

                                                                                                                                                

 

 

                   Terremoto en Chile, el mito liberal

                              

 

Escuchando un programa televisivo sobre Chile el domingo en la mañana y hablando posteriormente con un amigo cercano, llegué a la conclusión de escribir brevemente sobre los acontecimientos sociales y políticos de ese país.

 

Chile fue colocado en la primera página de todos los periódicos del mundo, durante la dictadura de Pinochet. No para desacreditar la tiranía que, durante años implantó éste general golpista, quien además fue culpable de crímenes horrendos, sino para ensalzar los supueestos avances de la economía chilena. Chile fue convertido en el ejemplo clásico de un milagro económico que, según aquella propaganda, sólo puede ser producido con los mecanismos de una economía liberal.

 

El autor del supuesto milagro fue Milton Friedman. En el trasfondo del desarrollo sectorial alcanzado, estaban presentes los grandes intereses estadounidenses y las empresas emparentadas o complementarias de Europa, que recibieron privilegios de todo tipo. La segunda lectura de dicha propaganda resultó del marcado interés de Washington para justificar el asesinato del Presidente Salvador Allende, planeado en suss centro de inteligencia.

 

Con la historieta hollywoodense del milagro chileno, que algunos llegaron a comparar con el llamado milagro alemán posterior a la Segunda Guerra Mundial, Pinochet pudo conservar el poder y realizar una labor “profiláctica” de crímenes contra dirigentes y militantes de izquierda, convenientes a los planes de “la contención comunista en el Continente”, elaborada en esos años por Estados Unidos.

 

El Producto Interno Bruto de Chile llegó a cifras poco comunes para un país pobre. Grandes industrias fueron puestas en funcionamiento y los recursos capitales pasaron a formar parte de las riquezas privadas de algunos intereses, que se beneficiaron con la reparticipación.

 

La teoría de que el Estado no interviene en la vida privada, se convirtió en un lema tenazmente defendido por aquellos que se benefician de su intervención cuando tienen problemas.

 

Se crearon barrios elites y los antiguos donde había vivido la oligarquía tradicional, crecieron en “modernidad”, convirtiéndose el lujo en símbolo del saber y las maneras rebuscadas en índice de educación.

 

Todo fue bello y Chile fue comercializado como un país del primer mundo, hasta que llegó el terremoto de 8.8 en la escala Richter.

 

El terremoto ocurrió en la región que ocupa la ciudad de Concepción, la cual tiene poco más de 200,000 habitantes. Hasta ahora las cifras de muertos reportados no sobrepasan los 800. Sin embargo los damnificados superan los dos millones. Todos sabemos que en una conflagración los heridos son una carga superior a los muertos, en términos de los recursos que deben emplearse para mitigar dolores y salvar la vida de los heridos.

 

A pesar de que Chile contaba al ocurrir el siniestro con un gobierno progresista, las estructuras básicas del país eran y siguen siendo, mismas que se implementaron durante la dictadura de Pinochet. Las inversiones privilegiadas en el Chile de la dictadura y los beneficios comerciales que se le otorgaron, tenían el doble objetivo de presentarle a Latinoamérica una “muestra viva” de lo que es capaz de hacer el liberalismo y en segundo lugar esconder, bajo los triunfalistas titulares de la noticia, los asesinatos y el horror causado por el derrocamiento de un gobierno democráticamente electo. Para Estados Unidos era de vital importancia demostrar que las sociedades viven mejor manteniendo un mínimo de relación con el Estado y por ende, del gobierno que lo administra. De esa manera dejan las manos sueltas a los grandes conglomerados económicos. 

La población chilena vive en una independencia tal del Estado que unos segundos después de ocurrido el desastre no tenían mecanismos de socorro a los cuales recurrir. La sociedad civil no fue integrada en forma alguna para hacerle frente a una catástrofe de esta naturaleza ni de ninguna otra.

 

El vacío creado por el terremoto en pocas horas, se convirtió en un gigantesco abismo para los pobladores de Concepción y aun para personas acomodadas de la Capital.

Millones de personas se vieron sin hogar y sin fuentes de abastecimientos. El Chile poderoso y rico, de repente descubrió que existían dos países: Uno pobre y desamparado que se lazó con fuerza sobre los supermercados y las casas de los ricos para buscar alimentos; y otro reducido capaz de encontrar albergue con la ayuda de sus múltiples recursos acumulados. Pero muchos de estos últimos, a pesar de esos recursos, de repente también se hallaron en el desamparo al ver derrumbado sus apartamentos. Muchos edificios modernos de la capital, supuestos a resistir los embates de un temblor de esa magnitud, sufrieron derrumbes y rajaduras irreparables, dejando por el piso el mito de que los reglamentos de construcción y la pulcritud disciplinaria habían sido implantados con puntualidad gracias al milagro de las teorías liberales.

 

No es posible una preparación para enfrentar los desastres naturales, las grandes epidemias y las disminuciones inesperadas de los abastecimientos alimenticios, sin la participación y el control del Estado. Esta organización que algunas teorías denominan “supraestructura social” fue una creación de la humanidad para facilitar precisamente, la vida de los grupos sociales. Sin una organización de este tipo, conformada en función de sus ciudadanos, los desastres naturales y de cualquier tipo, serán magnificados y sus consecuencias multiplicadas, por la incapacidad individual para resolverlos con la prontitud y la eficiencia debida.

Webmaster: María Eugenia Tomás
Técnico de Audio y Montaje: Sergio Montané
Copyright 2009. www.laradiomiami.com