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7 de octubre de 2011 |
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Presupuesto en Washington un camino sin salida
Las bolsas de valores en todo el mundo se contraen. Los expertos hablan de una segunda recesión y todo porque se pone al descubierto que el más poderoso país del mundo, Estados Unidos, sus gobernantes no saben qué hacer, para confeccionar un presupuesto que responda a la crisis que ellos mismos han creado. Un analista se refería a los sucesos del mercado con una frase cínica de Winston Churchill, en relación al comportamiento del mercado: “No será el principio del fin de las ventas, pero es el fin del comienzo” Estas palabras quizás no le digan mucho a quienes no están familiarizados con las cuestiones económicas, pero a una economía que fundamentalmente se basa en el crecimiento de sus ventas, la frase es lapidaria y presagia malos augurios. Frente a esta situación, el consejo de algunos especialistas es que la gente no entre en pánico, lo cual en correcto lenguaje significa que no caigan en más pánico del que ya están. Por tanto, les dicen a los jugadores que no se lo jueguen todo a ninguna partida y que tampoco abandonen el juego. Como podrán ver, volvemos de nuevo a repetir que la economía ha sido convertida en un juego. Gracias a las maravillas que la tecnología puede concebir y al control de la producción, por compañías cuya finalidad es aumentar infinitamente sus ganancias, la gente ha sido convencida de que su objetivo es alcanzar esos destellos de luz que nada nuevo añaden a la vida, objetos diversos y algunos absolutamente inútiles, pero que ocasionan el efecto cegador del asombro. Bajo el impacto de semejantes ficciones, las personas en general han dejado de razonar en términos más concretos y a la vez con la abstracción que les permita proyectar las consecuencias de las cotidianas ocurrencias sociales. Decíamos hace poco que ese asombro ha sido capitalizado por los pícaros. Dice Bob Lutz, economista, autor de “La Batalla por el Alma de los Negocios en América y que fuera además vice chairman de la General Motor hasta el año 2010, lo siguientes: “En los comienzos de la economía como ciencia, se pensaba que existían tres maneras de crear valor: sacándolo de la tierra a través de la minería y convirtiendo en mercancía algo que antes no existía; la segunda, trasformando la tierra, preparando terrenos, fertilizándolos, plantando semillas y cosechando, o sea produciendo a través de la agricultura un producto necesario; la tercera forma combinando iniciativa, trabajo y dinero acumulado, para transformar lo extraído de las minas y lo cosechado en productos tangibles de consumo. Otras actividades como los servicios, son importantes pero no agregan nuevas riquezas, como la minería, la agricultura y la manufactura”. Quizás pudiéramos decir que no haber atendido esta concepción general de la economía en su debida forma, ha traído los lodos actuales. Opina Lutz, que dada la recuperación de la industria automotriz estadounidense y el debilitamiento del dólar, la tendencia que se observa es que regresen al territorio nacional compañías que habían mudado sus fábricas en busca de mayores ganancias. Este pensamiento a pesar de su lógica económica, no es del todo aceptado en las actuales circunstancias. La tecnología ha permitido reducir considerablemente la necesidad de mano de obra y muchas de las industrias que regresen al país, requerirán mucho menos labor que en épocas anteriores. Por otro lado existe presión sobre los gastos públicos. Es cierto que muchas infraestructuras deben ser reconstruidas y añadir otras nuevas, pero no sabemos si la necesidad general de construcción y reconstrucción, llenaría los espacios de empleos que requiere el país. Porque una cosa es cierta, la idea Keynesiana de “hacer brigadas para abrir huecos y otras para taparlos”, de manera que la gente tuviera una fuente de trabajo y por ende de ingreso, sería hoy un chiste, ante la falta de liquidez del Estado en Estados Unidos. Ningún ciudadano aceptaría que sus impuestos se utilicen de esa manera. El asunto no es crear trabajos en abstracto, repartiendo los esfuerzos ajenos. Eso podría aplicarse y solamente hasta cierto modo, en un Estado socialista, donde el criterio distributivo tiene un sentido colectivo, siempre que exista respeto por los bienes de terceros y por las diferencias remunerativas que acompañan a las distintas iniciativas y labores. El empantanado suelo económico de Estados Unidos y del resto de países con economías que han sido saturadas, por los abusos ha que han sido sometidas por no querer administrar sus leyes en función de la finalidad de la producción, requiere de curas de caballo para solucionar parcialmente la crisis en que se encuentran sumidas. La economía actual tiene la finalidad virtual de producir ganancias y no aquella de producir bienes necesarios al consumo. Es una inversión de valores cuya aplicación permanente está causando el sismo económico que hoy vivimos. Es bueno aclarar que consumo necesario no es un término para justificar cuántos pantalones o zapatos cada quien debe tener. El crimen de la economía mal dirigida de hoy consiste en considerar que las bondades creadas por el genio humano para que el ser humano pueda adaptar su biología y psiquis de forma más reposada y beneficiosa a su bienestar, se constriñe a grupos humanos que en los países emergentes no sobrepasan el 30 o 40 por ciento. O sea, en esos países el acceso a refrigeradores, aires acondicionados, equipos de cocina eficientes y convenientes al ambiente, colchones que faciliten el dormir, techos adecuados para resguardarse de las inclemencias, casas sólidas, transportación asequible y adecuada y una variedad de cientos de renglones diversos, no son del acceso a las grandes mayorías. Mientras esto sucede, se fabrican cada segundo nuevas tecnologías aplicadas a celulares, computadoras, autos, sofisticados centros de servicios, se elaboran alimentos que requieren de envases especiales confeccionados a un alto consumo de energía y un sin fin de artículos, que producen quizás muchas ganancias, pero que no emplean a mucha gente, ni responden a un mercado humano que puede ser convertido en demanda económica, si los directores de fuentes productivas miraran en esa dirección, con el consiguiente beneficios de una mayor creación de fuentes de trabajo. Con esos criterios se pueden crear sociedades saludables, donde las personas reciban salarios equitativos por su labor y cada cual pudiese crecer a diferentes ritmos, sin entorpecer con actitudes determinadas el bienestar de las mayorías. Donde se estanca la economía de Estados Unidos y esos otros países de Europa, es en el terror a quienes se han adueñado de esos estados, no porque tengan el poder de enfrentar a la fuerza pública hasta el punto de vencerla, en caso de que lo pensaran, sino porque el despelote que han hecho en la casa de todos, no tiene arreglo fácil y requiere de lanzar muchos objetos por la ventana y derribar paredes que ocultan pestilentes podredumbres. Ese es el problema principal que empaña la discusión de un presupuesto racional para Estados Unidos. En Cuba Fidel Castro dijo una vez: “hay que cambiar todo lo que sea cambiable”. Pues bien, la economía, con perdón de ideólogos y algunos fanáticos, no es capitalista, socialista, nacionalista o cuantos istas podamos inventar. La economía es eso mismo, economía. Es extraer, producir, transformar, vender, comprar y finalmente satisfacer necesidades y mejorar la calidad de vida del ser humano. Para que sobreviva hay que cambiar todo lo que sea cambiable. El problema en Estados Unidos, Europa y los asiáticos con estados capitalistas, es que para hacerlo hay que perjudicar muchas esferas de poder y eso solamente puede hacerse, donde el mando de esas esferas de poder es relativo y sus raíces no son parte integrante del Estado. Llegará el momento que el ser humano comprenderá que no se trata de posturas ideológicas, religiosas, filosóficas o de otro semejante tipo. Todas las ideas son buenas y pueden ayudar a la felicidad humana, pero la única contradictoria y perjudicial es aquella que trata de imponerse a la realidad del ambiente. La economía hay que tratarla como tratamos a las demás ciencias. Controlando sus leyes y aplicando su conocimiento sin dejar que sus leyes nos arrastren y con las consideración éticas del momento histórico que vivimos. Sin esos criterios no hay presupuesto posible, ni producción que nos ayude a solucionar nuestros problemas. Ni los de Estados Unidos, ni los existentes en las demás latitudes. Debemos repetir que en Estados Unidos no se ha discutido un presupuesto de Estado. Lo que ha estado sucediendo una polémica que brinde nuevas esperanzas para delinear criterios doctrinales, que nada tienen que ver con la realidad. Al final de la historia resulta que está siendo más ponderada la racionalidad de los Estados Socialistas. ¡ Qué ironía para los grandes maestros del Estilo de Vida Americano!
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